Michael Ruse
¿Qué podemos decir de la selección natural misma? ¿Es un concepto o una noción científica genuina? A muchos les inquieta la cuestión (Sober, 1984). Es una idea tan simple –Huxley se maldecía por no haberla imaginado él mismo– y, sin embargo, sus efectos parecen tan inmensos. ¿No habrá alguna trampa? ¿Ningún truco de brujería o prestidigitación? Empecemos por preguntarnos si se trata de una fuerza, como Darwin pensaba. ¿Puede ser? Por algún motivo, pensamos acertadamente que no. La selección natural no existe, no en el mismo sentido en que existe un planeta o una molécula.
Supongamos que tenemos una población de organismos, la mitad de los cuales son blancos y la otra mitad, negros. Hay un predador que devora más individuos negros porque se destacan sobre el entorno, de modo que al cabo de unas pocas generaciones la población es casi totalmente blanca. En ese caso, decimos que obró allí una “fuerza” selectiva, pero en realidad lo que hacemos al expresarnos así es abreviar toda la historia: que los individuos negros se destacaban y fueron devorados, y los blancos sobrevivieron. No hay en la selección natural nada más que esto.
En un mundo donde no necesitáramos abreviar y siempre rigiera el principio económico de la navaja de Occam, ni siquiera hablaríamos de la selección. En cambio, vivimos en un mundo donde necesitamos abreviar camino y el criterio de Occam a veces es demasiado radical. Por ejemplo, el huracán Katrina produjo una catástrofe terrible en Nueva Orleáns. Se podría decir que fue una cuestión del viento y la lluvia –si se quiere, que las moléculas se movían con determinada velocidad en cierta dirección– pero el común de la gente dirá aún que una fuerza terrible de la naturaleza azotó la ciudad.
En algún sentido, sería como decir que estoy sentado frente a un escritorio, en lugar de decir que estoy sentado ante un hervidero de moléculas que se mueven vertiginosamente, como acostumbraba hacer el físico Arthur Eddington (1929), y sería como sostener, además, que el escritorio es tan real como las moléculas, cosa que Eddington no solía decir.
CREO EN LO QUE VEO
Desde luego, hay más: si concebimos la configuración de moléculas como una fuerza, como un huracán, podemos compararlo y contraponerlo a otros fenómenos semejantes. ¿Realmente el Katrina fue tan devastador o lo que ocurrió se debió a una prevención inadecuada? El mismo procedimiento se aplica a la selección natural. ¿Se nos presentan fuerzas similares en el caso de organismos de color rojo y verde, por ejemplo? Nadie podría sostener que la fuerza de Darwin es idéntica a la de Newton por ejemplo, no rige para ella la ley de la inversa del cuadrado de la distancia, pero no veo razón alguna para no darle el nombre de “fuerza”. El hecho de que, en principio, sea o no observable, me parece una exigencia del juicio. Es evidente que la selección no fue para nosotros un fenómeno observable cuando obraba en el período cámbrico y que ahora tampoco es observable en el micronivel. Tal vez el lector prefiera decir que siempre vemos los efectos de la selección. Por mi parte, cuando veo un pájaro que lleva una oruga roja en el pico y veo además que queda otra de color verde en mis retoños de tomate, pienso que he visto la selección natural en acción.
LA POLEMICA DARWINIANA
Adviértase, empero, que la selección natural incorpora a la biología una manera especial de pensar, un pensamiento estadístico. De hecho, trabajamos con grupos y hacemos promedios. No decimos que las entidades o los sucesos individuales carecen de causas y, mucho menos, que hay un nivel más allá del cual no podemos discernir las causas como ocurre en la mecánica cuántica, pero hacemos caso omiso de las causas individuales y pensamos en los grupos.
Puede ser que el predador haya localizado determinado individuo de color negro por casualidad después de una esforzada búsqueda, pero pasamos por alto las circunstancias particulares: el meollo de la cuestión es saber qué proporción de individuos negros y blancos consiguió localizar el predador. Afortunadamente, Darwin no tuvo que luchar también en este frente porque en esa época los físicos también comenzaban a utilizar métodos estadísticos en su disciplina. El filósofo pragmático norteamericano Charles Sanders Peirce señaló ese paralelismo.
La polémica darwiniana es, en gran medida, una cuestión de lógica. Darwin propuso aplicar el método estadístico a la biología. Lo mismo se ha hecho en una rama de la ciencia muy diferente, la teoría de los gases. Si bien no podían predecir cuáles serían los movimientos de ninguna molécula de gas en particular a partir de ciertas hipótesis sobre la constitución de esos cuerpos, aplicando la doctrina de las probabilidades, Clausius y Maxwell pudieron, sin embargo, predecir que, a largo plazo, tales y cuales proporciones de las moléculas adquirirían tales y cuales velocidades en determinadas circunstancias; que en cada segundo se producirían tantas colisiones, y de esas proposiciones pudieron inferir ciertas propiedades de los gases, especialmente sus relaciones con el calor.
CUESTIONES ESPINOSAS
Análogamente, Darwin no puede decir qué operación de variación y selección natural se producirá en cada caso individual pero demuestra que, a largo plazo, esas operaciones acabarán por adaptar los animales a sus circunstancias (Peirce, 1877: 3). Da la casualidad de que Peirce nunca fue un devoto de la teoría de Darwin, pues en 1893 pensaba que, “para una mente imparcial, su suerte parece menos optimista que hace veinte años” y que, incluso entonces, “de ninguna manera parecía algo probado ni siquiera aproximadamente” (Peirce, 1893; reimpr. 1935: 6, 297). Sin embargo, no tenía objeciones ante el enfoque grupal adoptado por Darwin.
Pero hay otra cuestión espinosa, algunos dirán que la más espinosa con respecto a la selección. Veamos: si la selección natural equivale a la supervivencia de los más aptos, ¿no implica esta formulación una tautología? ¿Quiénes son los más aptos? Pues, ¡los que sobreviven! Por consiguiente, hablar de selección natural es volver a describir con palabras floridas el mismo fenómeno: los que sobreviven son los que sobreviven.
No se trata en absoluto de una noción empírica. Son muchos los que han esgrimido este argumento, y no todos ellos eran enemigos de la ciencia. Durante mucho tiempo, el filósofo de la ciencia austrobritánico Karl Popper (1974) pensaba que el darwinismo no era una teoría genuina sino un “programa de investigación metafísica” porque la selección natural era una tautología.
INDIVIDUOS NEGROS, BLANCOS, ROJOS Y VERDES
Sin duda, la objeción no es desechable totalmente, pero no es tan devastadora como pretenden los críticos de la teoría. ¿Por qué? En primer lugar, hay diferencias en las poblaciones y esas diferencias explican los cambios de las proporciones: éstas son aseveraciones empíricas verdaderas, de modo que la selección no es una mera tautología. Si un predador come más individuos negros que blancos porque los blancos cuentan con un camuflaje mejor en un entorno de color pálido, no hay ninguna tautología en decirlo.
Ahora bien, puede ser que la afirmación sea falsa; no es verdadera necesariamente. Parte del problema proviene de una confusión sobre la índole de las teorías que podremos aclarar rápidamente apoyándonos en la exposición que hice antes. Si un científico trabaja con un modelo, en determinado momento nadie habla de hechos: el modelo es teórico. Así, si decimos que los individuos de color verde están favorecidos selectivamente con respecto a los rojos, estamos estipulando condiciones: en nuestro modelo, los individuos verdes deben superar a los rojos.
Luego, viene la faena empírica de corroborar si el modelo realmente se aplica a la naturaleza. ¿Hallamos poblaciones que se aproximen a lo previsto para nuestros individuos verdes y rojos? Si la respuesta es afirmativa, seguimos adelante. Si no lo es, hay que construir otro modelo. Todo esto no es mera teoría y muestra el nivel empírico de los estudios sobre la selección.
SELECCIONAR PARA COMPARAR
Hay otra parte del problema, algo más sutil, que nos hará volver sobre el ejemplo del huracán. Una vez que comenzamos a pensar acerca del huracán como un algo, como una fuerza, podemos lanzarnos a comparar y contraponer, actividades que son el inicio de la ciencia. Sin leyes, sin generalidades, no se puede llegar a nada. (No es necesario que pensemos en fuerzas; podríamos pensar en escritorios también.) Una vez que los evolucionistas piensan que está obrando la selección, también pueden empezar a comparar y contrastar.
Por ejemplo, ¿la situación del predador y los individuos blancos y negros se parece a la del predador y los individuos verdes y rojos? Si no se parece, los evolucionistas entrarán en acción para tratar de descubrir por qué. Tal vez los predadores devoran a los individuos rojos porque se quedan ahí tontamente, esperando que los atrapen. Tal vez los individuos blancos se salvan en mayor número porque son astutos y muy hábiles para esconderse, o algo similar.
Nos hallamos en este caso ante una especie de supuesto inductivo y causal. Cuando las causas son idénticas, esperamos los mismos efectos. Este es el supuesto subyacente cuando pensamos sobre la selección y tal vez explique por qué Popper –que no admitía la inducción– tuvo tantas dificultades con este tema. No obstante, para el resto de todos nosotros, aunque la definición de la selección sea simple, no es tautológica. En la actualidad, aceptamos que la selección natural es el mecanismo de la evolución porque la genética mendeliana cambió las cosas de manera decisiva. Un personaje como Huxley pudo haber avanzado en el tema de la selección natural más de lo que hizo. Pero tenía otros intereses.
En el presente capítulo, me he dedicado más a las realidades que a las hipótesis, a lo que Darwin hizo concretamente en lugar de preocuparme por lo que él u otros pudieron haber hecho. A partir de aquí, adelantemos el reloj y veamos si lo que hizo Darwin allanó el camino para los que siguieron, para que se concretaran algunas posibilidades y la selección natural ocupara el lugar que le corresponde.
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lunes, 12 de octubre de 2009
Evolución: Hecho y Teoría
Richard E. Lenski
Un artículo original de ActionBioscience.org
Septiembre 2000
La comprensión científica requiere tanto hechos como teorías que puedan explicar esos hechos en una manera coherente. La evolución es, en este contexto, tanto un hecho como una teoría. Es un hecho incontrovertible que los organismos han cambiado, o evolucionado, durante la historia de la vida en la Tierra. Y los biólogos han identificado los mecanismos que explican los patrones más importantes de esos cambios.
Patrones en la Naturaleza
El campo de la biología evolucionaria busca proveer explicaciones de los cuatro patrones conspicuos que se manifiestan en la naturaleza. Los primeros tres tienen que ver con las especies existentes hoy en día, mientras que el cuarto se relaciona a los fósiles.
La Variación Genética. Existe una tremenda diversidad genética dentro de casi todas las especies, incluyendo la especie humana. No existen dos individuos que tengan la misma secuencia de ADN, con la excepción de mellizos idénticos y de clones. Esta variación genética contribuye a la variación fenotípica, es decir, a la diversidad en la apariencia externa y en el comportamiento de individuos de la misma especie.
La Adaptación. Los organismos vivientes tienen características morfológicas, bioquímicas y comportamentales que les permiten adaptarse a las condiciones de los ambientes en donde normalmente se encuentran. Por ejemplo, considere los huesos huecos y las plumas de las aves, características que les permiten volar, o la coloración críptica que le permite a muchos organismos esconderse de sus depredadores. Estas características pueden dar la apariencia superficial de que los organismos fueros diseñados por un creador (o un ingeniero) para vivir en un ambiente particular. La biología evolucionaria ha demostrado que las adaptaciones aparecen a través de la selección actuando sobre la variación genética.
La Divergencia. Todas Las especies vivientes difieren las unas de las otras. En algunos casos, estas diferencias son muy sutiles, mientras que en otros casos las diferencias son dramáticas. Carl Linnaeus (Carl von Linné) (1707-1778) propuso un sistema de clasificación que aún se utiliza con algunos cambios menores. En el esquema moderno, las especies similares se agrupan en géneros, los géneros similares en familias, y así sucesivamente. Este patrón jerárquico de relaciones produce una configuración parecida a un árbol, lo cual implica un proceso de separación y divergencia a partir de un ancestro común.
Las Especies fósiles. Los fósiles son los restos mineralizados o las impresiones dejadas por organismos que vivieron en el pasado remoto. Muchos fósiles, como los trilobites y los dinosaurios, perteneces a grupos que ya no existen en ninguna parte de la Tierra. Recíprocamente, muchas especies modernas se parecen a algunos fósiles. Sin embargo, no se han encontrado fósiles de las especies modernas en las rocas de las edades correspondientes. La edad de la Tierra se estima en unos 4.5 millardos (4.5 mil millones) de años, con los fósiles de bacterias más antiguos estimados a 3.5 millardos de años. Los fósiles de aproximadamente 550 millones de años de edad (provenientes del Periodo Cambriano) muestran un ensamblaje diverso de animales multicelulares.
La biología evolucionaria provee el marco científico para comprender los cambios que han ocurrido desde que las primeras formas de vida aparecieron en la Tierra varios millardos de años atrás. Los bioquímicos, los geólogos y los físicos buscan explicaciones naturales para el origen de la vida en la Tierra. A pesar de que se ha avanzado en esta área, el origen de la vida continúa siendo una pregunta interesante aunque no respondida aún.
Los Mecanismos de la Evolución
La evolución biológica resulta de los cambios a través del tiempo en la constitución genética de las especies. A menudo, pero no siempre, los cambios genéticos producen cambios notables en la apariencia o en el comportamiento de los organismos. La evolución requiere tanto la producción de variación como la dispersión de variantes que reemplacen a otras.
La variación genética aparece como consecuencia de dos procesos, la mutación y la recombinación. La mutación ocurre cuando el ADN se copia con errores durante la replicación, lo cual conlleva a una diferencia entre el gen de los padres y el mismo de los hijos. Algunas mutaciones solo afectan a un pedacito del ADN; otras producen reorganizaciones de grandes bloques del ADN.
La recombinación ocurre cuando los genes de ambos padres se mezclan para producir descendientes, tal y como sucede regularmente en la reproducción sexual. Generalmente, los dos padres pertenecen a la misma especie, pero algunas veces (especialmente en bacterias) los genes se mueven entre organismos que están menos relacionados.
El destino de cualquier variante genética depende de dos procesos, la deriva y la selección. La deriva se refiere a las fluctuaciones al azar en la frecuencia de los genes y sus efectos a menudo se observan al nivel del ADN. El lanzar una moneda diez veces no siempre produce exactamente cinco caras y cinco cruces (o sellos); la deriva se refiere al mismo tema estadístico aplicado a la transmisión de variantes genéticas a través de generaciones.
El principio de la selección natural fue descubierto por Charles Darwin (1809-1882). La selección natural es el proceso por el cual los organismos se adaptan a sus ambientes. La selección ocurre cuando algunos organismos individuales poseen genes que codifican características físicas o comportamentales que les permiten ser mejores en, por ejemplo, encontrar recursos y evitar depredadores, relativo a otros individuos que no llevan los mismos genes. Los individuos que tienen estas características útiles tenderán a producir más prole que otros individuos, de manera tal que, con el tiempo, los genes responsables se hacen más comunes, llevando a la población como un todo a estar mejor adaptada.
La especiación es el proceso evolutivo que confunde más a la gente. La especiación no es un mecanismo separado, sino una consecuencia de los mecanismos que ya mencionamos, actuando en el tiempo y en el espacio. La especiación ocurre cuando una población cambia lo suficiente en el tiempo que se hace conveniente referirse a los dos estadios (el temprano y el tardío) con nombres diferentes. La especiación también ocurre cuando una población se divide en dos formas diferentes que no pueden entrecruzarse. El aislamiento reproductivo no ocurre por lo general en una sola generación; puede requerir muchos miles de generaciones cuando, por ejemplo, una porción de la población se ve geográficamente separada del resto, adaptándose a un nuevo ambiente. Con suficiente tiempo, es inevitable que dos poblaciones que viven separadas van a divergir por mutación, deriva y selección, hasta que eventualmente sus genes no sean ya compatibles para que ocurra una reproducción exitosa.
La Evidencia de la Evolución y su Significado en nuestras Vidas
Es imposible detallar toda la evidencia de la evolución en un artículo tan corto como este. Sin embargo, los ejemplos que se presentan a continuación ofrecen una muestra de los tipos de evidencia que se ha descubierto y que han sido confirmados repetidamente por los científicos. Estos ejemplos también ilustran la importancia de esta evidencia para la ciencia y, más generalmente, para la sociedad.
Evidencia de los fósiles. Basada en la gran cantidad de similitudes y diferencias entre las especies vivientes, la biología evolucionaria hace predicciones sobre las características de las formas ancestrales. Por ejemplo, numerosas características indican que las aves se derivaron de ancestros reptiles. En contraste, estos datos rechazan la posibilidad de que las aves se hayan derivado de otros grupos, tales como de los insectos voladores. Los científicos han encontrado aves fósiles con plumas y patas muy similares a las de las aves modernas, pero que también tienen dientes, garras en los dígitos de las extremidades anteriores y un hueso de la cola similar al de los ancestros reptiles. Los fósiles forman una evidencia de particular importancia para la evolución porque, con muy poco esfuerzo, cada uno de nosotros puede usar sus ojos y su mente para observar e interpretar a los dinosaurios y a otros fósiles antiguos en los museos públicos.
Evidencia de la genética. El genoma de todos los organismos contiene evidencia abrumadora de la evolución. Todas las especies vivientes comparten el mismo mecanismo básico de la herencia, utilizando el ADN (o el ARN en algunos virus) para codificar genes que son pasados de progenitores a descendientes, y los cuales son transcritos y traducidos a proteínas durante la vida del organismo. Por medio del uso de las secuencias de ADN, los biólogos pueden cuantificar las diferencias entre especies y determinar así cuán cerca está una especie relacionada a otra y cuáles son más distantes. Al hacer esto, los biólogos utilizan esencialmente la misma evidencia y lógica usada en la determinación de paternidad durante demandas legales. El patrón de relación genética entre todas las especie es similar al de un árbol con muchas ramas, lo cual indica la divergencia comenzando con un ancestro común. Dentro de este árbol de la vida, existen reticulaciones ocasionales donde dos ramas se funden en vez de separarse. (Por ejemplo, las mitocondrias son organelos que se encuentran dentro de las células de las plantas y de los animales. Las mitocondrias tienen sus propios genes, los cuales son más similares a los genes de las bacterias que a los genes de los cromosomas en el núcleo de las células. Así, uno de nuestros ancestros distantes apareció como resultado de una simbiosis entre dos tipos de célula diferentes). La similitud genética entre las especies, la cual existe como el resultado de la evolución a partir de una forma ancestral común, es un hecho esencial que es fundamental para la investigación biomédica. Esta similitud nos permite comenzar a entender los efectos de nuestros propios genes por medio de la investigación en genes de otras especies. Por ejemplo, se ha descubierto que los genes que controlan el proceso de reparación del ADN en bacterias, moscas y ratones pueden influenciar a ciertos tipos de cáncer en humanos. Estos descubrimientos sugieren estrategias de intervención que pueden ser exploradas en otras especies antes de ser probadas en los humanos.
Evolución en acción. El cambio evolucionario continúa hoy en día, y continuará procediendo siempre que exista la vida. En años recientes muchos patógenos bacterianos han desarrollado resistencia a los antibióticos que se usan para curar las infecciones, lo cual ha requerido el desarrollo de tratamientos nuevos más efectivos y más costosos. En algunos casos preocupantes, las bacterias han evolucionado resistencia a todos los antibióticos en existencia, por lo que no existe ningún tratamiento efectivo disponible. En el caso del VIH, el cual causa el SIDA, una cantidad significativa de evolución viral ocurre dentro del curso de la infección en individuos. Esta evolución rápida es la que le permite al virus evadir al sistema inmune. Muchas plagas agrícolas han evolucionado resistencia a los químicos que los agricultores han usado por apenas algunas pocas décadas. Mientras trabajamos en el control de enfermedades y pestes, los organismos responsables han estado evolucionando formas de escapar a nuestros controles. Más aún, nuestros científicos pueden llevar acabo experimentos para estudiar esta evolución en tiempo real, de la misma manera que se estudian otros procesos dinámicos en la física, la química y en otras ramas de la biología. Para estudiar la evolución en acción los científicos utilizan organismos tales como bacterias y moscas de la fruta, los cuales se reproducen rápidamente y que permiten así observar cambios que requieren muchas generaciones.
Conclusiones
La biología evolutiva es un vigoroso y robusto campo de la ciencia. Es un marco teórico que abarca varios mecanismos básicos consistentes con los patrones que vemos en la naturaleza y existen abundantes evidencias que demuestran la acción de estos mecanismos así como sus contribuciones a la naturaleza. Por lo tanto, la evolución es tanto una teoría como un conjunto de hechos establecidos que son explicados por la teoría.
Así como es común en otros campos científicos, existe un debate científico sobre algunos aspectos de la evolución, pero es poco probable que estos debates puedan afectar a la bases de este campo. No existe ninguna otra explicación científica que pueda dar cuenta de todos los patrones en la naturaleza. Solamente existen otras explicaciones no científicas que requieren la acción de una fuerza milagrosa, tal como un creador. Estas explicaciones sobrenaturales caen fuera de la ciencia, la cual no puede ni probar ni refutar a los milagros. La ciencia nos provee con una poderosa teoría y una explicación sobre los cambios en la vida en la Tierra. También debería recordarnos de nuestra buena fortuna de haber aparecido en este mundo y de nuestra gran responsabilidad en la continuación de la vida en el planeta.
© 2000, American Institute of Biological Sciences. Los educadores tienen permiso de reimprimir artículos para su uso en las clases; otros usuarios por favor comunicarse con editor@actionbioscience.org para solicitar permisos de reimpresión. Por favor ver políticas de reimpresión.
El doctor Richard E. Lenski ha escrito más de 100 artículos en ecología, genética y evolución. Él es académico (fellow) de la Academia Americana de Artes y Ciencias, de la Academia Americana de Microbiología y de la Fundación McArthur. Él también es Profesor Hanna de Ecología Microbiana en la Universidad Estadal de Michigan.
http://www.msu.edu/~lenski/
Por favor vea el artículo original en inglés para enterarse más sobre el tópico del artículo o para tener acceso a la lección que lo suplementa. (Enlaces y lecciones no han sido traducidas.)
Referencias del artículo
Estas referencias están en inglés. Las referencias no han sido traducidas al español dado que la mayoría de los artículos citan fuentes en el idioma inglés.
» Bohannan, B. J.M., and R.E. Lenski. 2000. “Linking genetic change to community evolution: Insights from studies of bacteria and bacteriophage.” Ecology Letters 3:362-377.
» Dawkins, Richard. 1976. The Selfish Gene. Oxford University Press, Oxford and New York.
» Elena, S.F., V.S. Cooper, and R.E. Lenski. 1996. “Mechanisms of punctuated evolution.” (Technical Comment). Science 274:1749-1750
» Futuyma, Douglas J. 1983. Science on Trial: The Case for Evolution. Pantheon, New York.
» Gould, Stephen Jay. 1989. Wonderful Life: The Burgess Shale and the Nature of History. W.W. Norton, New York.
» Lenski, R.E. 2000. “Evolution, theory and experiments.” Vol. 2, pp. 283-298 in J. Lederberg, editor. Encyclopedia of Microbiology, 2nd edition. Academic Press, San Diego.
» Lenski, R.E. 1998. “Bacterial evolution and the cost of antibiotic resistance.” International Microbiology 1:265-270.
» Nakatsu, C.H., R. Korona, R.E. Lenski, F. de Bruijn, T.L. Marsh, and L.J. Forney. 1998. “Parallel and divergent genotypic evolution in experimental populations of Ralstonia sp.” Journal of Bacteriology 180:4325-4331.
» Nesse, Randolph M. & George C. Williams. 1994. Why We Get Sick: The New Science of Darwinian Medicine. Times Books, New York.
» Papadopoulos, D., D. Schneider, J. Meier-Eiss, W. Arber, R.E. Lenski, and M. Blot. 1999. “Genomic evolution during a 10,000-generation experiment with bacteria.” Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 96:3807-3812
» Vulic, M., R.E. Lenski, and M. Radman. 1999. “Mutation, recombination and incipient speciation of bacteria in the laboratory.” Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 96:7348-7351.
» Weiner, Jonathan. 1995. The Beak of the Finch: A Story of Evolution in Our Time. Vintage Books, New York.
Sábado, 14 de Febrero de 2009
NATURALISTA: MODELO PARA ARMAR
Un artículo original de ActionBioscience.org
Septiembre 2000
La comprensión científica requiere tanto hechos como teorías que puedan explicar esos hechos en una manera coherente. La evolución es, en este contexto, tanto un hecho como una teoría. Es un hecho incontrovertible que los organismos han cambiado, o evolucionado, durante la historia de la vida en la Tierra. Y los biólogos han identificado los mecanismos que explican los patrones más importantes de esos cambios.
Patrones en la Naturaleza
El campo de la biología evolucionaria busca proveer explicaciones de los cuatro patrones conspicuos que se manifiestan en la naturaleza. Los primeros tres tienen que ver con las especies existentes hoy en día, mientras que el cuarto se relaciona a los fósiles.
La Variación Genética. Existe una tremenda diversidad genética dentro de casi todas las especies, incluyendo la especie humana. No existen dos individuos que tengan la misma secuencia de ADN, con la excepción de mellizos idénticos y de clones. Esta variación genética contribuye a la variación fenotípica, es decir, a la diversidad en la apariencia externa y en el comportamiento de individuos de la misma especie.
La Adaptación. Los organismos vivientes tienen características morfológicas, bioquímicas y comportamentales que les permiten adaptarse a las condiciones de los ambientes en donde normalmente se encuentran. Por ejemplo, considere los huesos huecos y las plumas de las aves, características que les permiten volar, o la coloración críptica que le permite a muchos organismos esconderse de sus depredadores. Estas características pueden dar la apariencia superficial de que los organismos fueros diseñados por un creador (o un ingeniero) para vivir en un ambiente particular. La biología evolucionaria ha demostrado que las adaptaciones aparecen a través de la selección actuando sobre la variación genética.
La Divergencia. Todas Las especies vivientes difieren las unas de las otras. En algunos casos, estas diferencias son muy sutiles, mientras que en otros casos las diferencias son dramáticas. Carl Linnaeus (Carl von Linné) (1707-1778) propuso un sistema de clasificación que aún se utiliza con algunos cambios menores. En el esquema moderno, las especies similares se agrupan en géneros, los géneros similares en familias, y así sucesivamente. Este patrón jerárquico de relaciones produce una configuración parecida a un árbol, lo cual implica un proceso de separación y divergencia a partir de un ancestro común.
Las Especies fósiles. Los fósiles son los restos mineralizados o las impresiones dejadas por organismos que vivieron en el pasado remoto. Muchos fósiles, como los trilobites y los dinosaurios, perteneces a grupos que ya no existen en ninguna parte de la Tierra. Recíprocamente, muchas especies modernas se parecen a algunos fósiles. Sin embargo, no se han encontrado fósiles de las especies modernas en las rocas de las edades correspondientes. La edad de la Tierra se estima en unos 4.5 millardos (4.5 mil millones) de años, con los fósiles de bacterias más antiguos estimados a 3.5 millardos de años. Los fósiles de aproximadamente 550 millones de años de edad (provenientes del Periodo Cambriano) muestran un ensamblaje diverso de animales multicelulares.
La biología evolucionaria provee el marco científico para comprender los cambios que han ocurrido desde que las primeras formas de vida aparecieron en la Tierra varios millardos de años atrás. Los bioquímicos, los geólogos y los físicos buscan explicaciones naturales para el origen de la vida en la Tierra. A pesar de que se ha avanzado en esta área, el origen de la vida continúa siendo una pregunta interesante aunque no respondida aún.
Los Mecanismos de la Evolución
La evolución biológica resulta de los cambios a través del tiempo en la constitución genética de las especies. A menudo, pero no siempre, los cambios genéticos producen cambios notables en la apariencia o en el comportamiento de los organismos. La evolución requiere tanto la producción de variación como la dispersión de variantes que reemplacen a otras.
La variación genética aparece como consecuencia de dos procesos, la mutación y la recombinación. La mutación ocurre cuando el ADN se copia con errores durante la replicación, lo cual conlleva a una diferencia entre el gen de los padres y el mismo de los hijos. Algunas mutaciones solo afectan a un pedacito del ADN; otras producen reorganizaciones de grandes bloques del ADN.
La recombinación ocurre cuando los genes de ambos padres se mezclan para producir descendientes, tal y como sucede regularmente en la reproducción sexual. Generalmente, los dos padres pertenecen a la misma especie, pero algunas veces (especialmente en bacterias) los genes se mueven entre organismos que están menos relacionados.
El destino de cualquier variante genética depende de dos procesos, la deriva y la selección. La deriva se refiere a las fluctuaciones al azar en la frecuencia de los genes y sus efectos a menudo se observan al nivel del ADN. El lanzar una moneda diez veces no siempre produce exactamente cinco caras y cinco cruces (o sellos); la deriva se refiere al mismo tema estadístico aplicado a la transmisión de variantes genéticas a través de generaciones.
El principio de la selección natural fue descubierto por Charles Darwin (1809-1882). La selección natural es el proceso por el cual los organismos se adaptan a sus ambientes. La selección ocurre cuando algunos organismos individuales poseen genes que codifican características físicas o comportamentales que les permiten ser mejores en, por ejemplo, encontrar recursos y evitar depredadores, relativo a otros individuos que no llevan los mismos genes. Los individuos que tienen estas características útiles tenderán a producir más prole que otros individuos, de manera tal que, con el tiempo, los genes responsables se hacen más comunes, llevando a la población como un todo a estar mejor adaptada.
La especiación es el proceso evolutivo que confunde más a la gente. La especiación no es un mecanismo separado, sino una consecuencia de los mecanismos que ya mencionamos, actuando en el tiempo y en el espacio. La especiación ocurre cuando una población cambia lo suficiente en el tiempo que se hace conveniente referirse a los dos estadios (el temprano y el tardío) con nombres diferentes. La especiación también ocurre cuando una población se divide en dos formas diferentes que no pueden entrecruzarse. El aislamiento reproductivo no ocurre por lo general en una sola generación; puede requerir muchos miles de generaciones cuando, por ejemplo, una porción de la población se ve geográficamente separada del resto, adaptándose a un nuevo ambiente. Con suficiente tiempo, es inevitable que dos poblaciones que viven separadas van a divergir por mutación, deriva y selección, hasta que eventualmente sus genes no sean ya compatibles para que ocurra una reproducción exitosa.
La Evidencia de la Evolución y su Significado en nuestras Vidas
Es imposible detallar toda la evidencia de la evolución en un artículo tan corto como este. Sin embargo, los ejemplos que se presentan a continuación ofrecen una muestra de los tipos de evidencia que se ha descubierto y que han sido confirmados repetidamente por los científicos. Estos ejemplos también ilustran la importancia de esta evidencia para la ciencia y, más generalmente, para la sociedad.
Evidencia de los fósiles. Basada en la gran cantidad de similitudes y diferencias entre las especies vivientes, la biología evolucionaria hace predicciones sobre las características de las formas ancestrales. Por ejemplo, numerosas características indican que las aves se derivaron de ancestros reptiles. En contraste, estos datos rechazan la posibilidad de que las aves se hayan derivado de otros grupos, tales como de los insectos voladores. Los científicos han encontrado aves fósiles con plumas y patas muy similares a las de las aves modernas, pero que también tienen dientes, garras en los dígitos de las extremidades anteriores y un hueso de la cola similar al de los ancestros reptiles. Los fósiles forman una evidencia de particular importancia para la evolución porque, con muy poco esfuerzo, cada uno de nosotros puede usar sus ojos y su mente para observar e interpretar a los dinosaurios y a otros fósiles antiguos en los museos públicos.
Evidencia de la genética. El genoma de todos los organismos contiene evidencia abrumadora de la evolución. Todas las especies vivientes comparten el mismo mecanismo básico de la herencia, utilizando el ADN (o el ARN en algunos virus) para codificar genes que son pasados de progenitores a descendientes, y los cuales son transcritos y traducidos a proteínas durante la vida del organismo. Por medio del uso de las secuencias de ADN, los biólogos pueden cuantificar las diferencias entre especies y determinar así cuán cerca está una especie relacionada a otra y cuáles son más distantes. Al hacer esto, los biólogos utilizan esencialmente la misma evidencia y lógica usada en la determinación de paternidad durante demandas legales. El patrón de relación genética entre todas las especie es similar al de un árbol con muchas ramas, lo cual indica la divergencia comenzando con un ancestro común. Dentro de este árbol de la vida, existen reticulaciones ocasionales donde dos ramas se funden en vez de separarse. (Por ejemplo, las mitocondrias son organelos que se encuentran dentro de las células de las plantas y de los animales. Las mitocondrias tienen sus propios genes, los cuales son más similares a los genes de las bacterias que a los genes de los cromosomas en el núcleo de las células. Así, uno de nuestros ancestros distantes apareció como resultado de una simbiosis entre dos tipos de célula diferentes). La similitud genética entre las especies, la cual existe como el resultado de la evolución a partir de una forma ancestral común, es un hecho esencial que es fundamental para la investigación biomédica. Esta similitud nos permite comenzar a entender los efectos de nuestros propios genes por medio de la investigación en genes de otras especies. Por ejemplo, se ha descubierto que los genes que controlan el proceso de reparación del ADN en bacterias, moscas y ratones pueden influenciar a ciertos tipos de cáncer en humanos. Estos descubrimientos sugieren estrategias de intervención que pueden ser exploradas en otras especies antes de ser probadas en los humanos.
Evolución en acción. El cambio evolucionario continúa hoy en día, y continuará procediendo siempre que exista la vida. En años recientes muchos patógenos bacterianos han desarrollado resistencia a los antibióticos que se usan para curar las infecciones, lo cual ha requerido el desarrollo de tratamientos nuevos más efectivos y más costosos. En algunos casos preocupantes, las bacterias han evolucionado resistencia a todos los antibióticos en existencia, por lo que no existe ningún tratamiento efectivo disponible. En el caso del VIH, el cual causa el SIDA, una cantidad significativa de evolución viral ocurre dentro del curso de la infección en individuos. Esta evolución rápida es la que le permite al virus evadir al sistema inmune. Muchas plagas agrícolas han evolucionado resistencia a los químicos que los agricultores han usado por apenas algunas pocas décadas. Mientras trabajamos en el control de enfermedades y pestes, los organismos responsables han estado evolucionando formas de escapar a nuestros controles. Más aún, nuestros científicos pueden llevar acabo experimentos para estudiar esta evolución en tiempo real, de la misma manera que se estudian otros procesos dinámicos en la física, la química y en otras ramas de la biología. Para estudiar la evolución en acción los científicos utilizan organismos tales como bacterias y moscas de la fruta, los cuales se reproducen rápidamente y que permiten así observar cambios que requieren muchas generaciones.
Conclusiones
La biología evolutiva es un vigoroso y robusto campo de la ciencia. Es un marco teórico que abarca varios mecanismos básicos consistentes con los patrones que vemos en la naturaleza y existen abundantes evidencias que demuestran la acción de estos mecanismos así como sus contribuciones a la naturaleza. Por lo tanto, la evolución es tanto una teoría como un conjunto de hechos establecidos que son explicados por la teoría.
Así como es común en otros campos científicos, existe un debate científico sobre algunos aspectos de la evolución, pero es poco probable que estos debates puedan afectar a la bases de este campo. No existe ninguna otra explicación científica que pueda dar cuenta de todos los patrones en la naturaleza. Solamente existen otras explicaciones no científicas que requieren la acción de una fuerza milagrosa, tal como un creador. Estas explicaciones sobrenaturales caen fuera de la ciencia, la cual no puede ni probar ni refutar a los milagros. La ciencia nos provee con una poderosa teoría y una explicación sobre los cambios en la vida en la Tierra. También debería recordarnos de nuestra buena fortuna de haber aparecido en este mundo y de nuestra gran responsabilidad en la continuación de la vida en el planeta.
© 2000, American Institute of Biological Sciences. Los educadores tienen permiso de reimprimir artículos para su uso en las clases; otros usuarios por favor comunicarse con editor@actionbioscience.org para solicitar permisos de reimpresión. Por favor ver políticas de reimpresión.
El doctor Richard E. Lenski ha escrito más de 100 artículos en ecología, genética y evolución. Él es académico (fellow) de la Academia Americana de Artes y Ciencias, de la Academia Americana de Microbiología y de la Fundación McArthur. Él también es Profesor Hanna de Ecología Microbiana en la Universidad Estadal de Michigan.
http://www.msu.edu/~lenski/
Por favor vea el artículo original en inglés para enterarse más sobre el tópico del artículo o para tener acceso a la lección que lo suplementa. (Enlaces y lecciones no han sido traducidas.)
Referencias del artículo
Estas referencias están en inglés. Las referencias no han sido traducidas al español dado que la mayoría de los artículos citan fuentes en el idioma inglés.
» Bohannan, B. J.M., and R.E. Lenski. 2000. “Linking genetic change to community evolution: Insights from studies of bacteria and bacteriophage.” Ecology Letters 3:362-377.
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» Nesse, Randolph M. & George C. Williams. 1994. Why We Get Sick: The New Science of Darwinian Medicine. Times Books, New York.
» Papadopoulos, D., D. Schneider, J. Meier-Eiss, W. Arber, R.E. Lenski, and M. Blot. 1999. “Genomic evolution during a 10,000-generation experiment with bacteria.” Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 96:3807-3812
» Vulic, M., R.E. Lenski, and M. Radman. 1999. “Mutation, recombination and incipient speciation of bacteria in the laboratory.” Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 96:7348-7351.
» Weiner, Jonathan. 1995. The Beak of the Finch: A Story of Evolution in Our Time. Vintage Books, New York.
Sábado, 14 de Febrero de 2009
NATURALISTA: MODELO PARA ARMAR
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Darwinismo (gaceta virtual)
Darwin 1809-1882 : La estructura mágica de la teoría de la evolución
Por Luis Felipe Lomelí / Grisel Samaniego
¡Mamá, mi hermanito es el eslabón perdido!” “En este negocio, brodi, hay que evolucionar”. “A ese wey le creció de tanto que se la…” Etcétera. Las ideas de la teoría de la evolución se escuchan en cualquier plática, son parte de nuestra cultura. O, mejor dicho, el conjunto de ideas referentes a la evolución biológica y sus connotaciones sociales ya forman parte de nuestra manera de ver el mundo. Aunque, como se podría objetar aquí, ninguna de las frases anteriores es, de cierto, una “frase darwiniana”. Pero no importa.
El próximo 12 de febrero se cumplen 200 años del natalicio de uno de los hombres más influyentes del pensamiento occidental: Carlos Darwin. Y, como normalmente sucede con las teorías más significativas, ya sea el materialismo histórico, el psicoanálisis o la teoría de la evolución es que, como dijera Italo Calvino, “son libros que ya conocemos aunque nunca los hayamos leído”. Es decir, desde un cargador de abastos hasta un senador de la República, todos tenemos una idea de qué dijo Darwin. ¿Y qué dijo? Pues que evolucionamos. ¿Y qué es eso? Pues, ya lo dijo Cantinflas, ahí está el detalle.
¿Qué significa “evolucionar”?
Carlitos Darwin dijo, en resumen, que la naturaleza cambia, que el mundo que vemos hoy no es el que existía ayer, que hay especies que se extinguen y otras que surgen a partir de las anteriores. ¿Y nada más? ¿Para decir eso escribió cerca de 200 mil artículos y más de cinco libros y por eso, solamente por eso, es tan importante? Por supuesto que no. Pero tampoco es válido afirmar que la teoría de la evolución, tal como Darwin la formuló, es la que sigue vigente hoy día. Veamos.
En el buen siglo XIX, en el que vivió Darwin, había una idea en boga en Europa promovida por burgueses y masones: el progreso. Antes la idea predominante por esos lares era la de que “nada cambia”, la que se condensa en la frase de uno de sus más ilustres defensores, Leibnitz: “Vivimos en el mejor de los mundos posibles”. Esa idea le gustaba mucho a la camarilla de monarcas que se inventaron el cuento de que eran familias elegidas por Dios para gobernar sobre el resto: si vivimos en el mejor de los mundos posibles, para qué le mueves, nada va a mejorar. Y les funcionó por muchos siglos (de hecho, hoy día aún les sigue funcionando a algunos), hasta que aparecieron los burgueses y los siervos se hartaron de mantener a sus amos y estalló la Revolución francesa y se declararon las independencias de los países americanos.
Pero la idea del progreso no nace sólo del descontento social sino que antes se gesta en la ciencia, en la astronomía y la mecánica. Si se mira su historia, de Ptolomeo a Kepler y de Aristóteles a Newton, es fácil concluir que hay un progreso o mejoría en nuestro conocimiento: cada vez predecimos mejor el movimiento de los astros y hacemos máquinas más y más complejas. ¡Progresamos! Y si la ciencia progresa, por qué no habrían de hacerlo también las sociedades, las religiones, la naturaleza, la cocina, los deportes, etcétera.
Para cuando nace el pequeño Carlitos, la idea del progreso en las especies está en boga. Si bien desde que se tiene registro —cosa que en Occidente equivale a decir “desde los griegos”— hay noticia de organismos fosilizados, de caracoles marinos encontrados en la punta de las montañas, de mosquitos atrapados en una gota de ámbar, etcétera, a partir de que los europeos salen de su rancho y comienza para ellos la Era de los Descubrimientos impulsada por la sobrepoblación y la devastación de recursos, comienza también a estar de moda en las cortes tener “trofeos naturales”. Se inventan los jardines botánicos del rey, los museos donde se presume lo que se han robado en los cinco continentes, los zoológicos y los museos de historia natural donde lo mismo se exhibe a un jaguar que a un pigmeo disecado.
Este afán cazador y coleccionista sirve para que tengan muchísimo quehacer esos mantenidos por el Estado: los científicos (antes del siglo XIX no se llamaban así, pero hacían exactamente lo mismo como cortesanos y sacerdotes). Los “científicos” europeos heredaron la tradición religiosa islámica que dice que “conocer el mundo es una forma de conocer a Dios”, así que se dedican a conocerlo, a clasificar las especies vivas y muertas, a reconstruir las que ya no existen o existen muy lejos de la corte, a encontrar el “orden divino” del mundo que dicta la teología natural. Los franceses Buffon, Cuvier y Lamarck y el sueco Linneo son sus principales exponentes. Y, por supuesto, la historia no está exenta de anécdotas: del siglo XVII al XIX era más o menos común la profesión de “trapero de huesos”, gente que andaba por América, África y Oceanía juntando huesos de animales que luego vendían a las cortes para que los científicos armaran animales fantásticos. Claro está, incluso Cuvier, muchas veces terminaban armando animales que no existían: si tenían huesos de un ave, un reptil y un marsupial, en lugar de hacer tres animales, ¡hacían uno!
Y en este afán de ordenar el mundo se encontraron con el problema de cómo ordenar lo que ya no existe, las especies extintas: ¿es Dios capaz de aniquilar su creación? ¿Por qué habría de hacerlo? Para unos, la respuesta la daba la Biblia; para otros, el progreso, la “evolución”.
Los religiosos de un lado y los religiosos del otro
Para los religiosos abrahámicos tradicionales (cristianos, judíos, islámicos) la explicación a los fósiles estaba en donde “debería estar”: la Biblia. Ahí se habla del diluvio que arrasó con todo para limpiar el planeta y, como todo se inundó, por eso hay conchitas en las montañas. Esto dio origen a una de las primeras corrientes evolucionistas: los neptunianos, los que veían en el mar la razón de los cambios en la Tierra. Sin embargo, la misma Biblia afirma que Dios le dijo a Noé que subiera a su lancha “dos de cada especie” y, para el siglo XVIII ya se habían encontrado hartos fósiles de animales extintos que no parecían, por ningún motivo, “marinos”. Y, como muchos de estos fósiles se encontraban cerca de los volcanes, de ahí toma su nombre la otra corriente: los vulcanistas o plutonistas, para quienes los cambios de la Tierra eran causa de los volcanes.
Ambas corrientes, más en el ámbito de la geología que de la biología, siguieron debatiendo incluso después de la muerte de Darwin a finales del XIX. Pero, por lo pronto, habían asentado una cosa: el planeta cambia.
En el área de la biología el primero en tratar de dar una explicación coherente del cambio y/o “evolución” de las “especies” es Jean Baptiste Lamarck quien, para cuando Carlitos Darwin aún era impúber, ya había terminado su teoría. Dicha teoría se encontró con dos problemas principales y una desventaja. Los problemas eran: 1) el rechazo de los religiosos tradicionales y 2) la teoría era compleja y parte de, por lo menos, tres principios cuya combinación determina la evolución de un organismo; de modo que no se logró expresar de forma coloquial más allá de frases absurdas como “a ese wey le creció de tanto que se la…” (o el uso y desuso de los órganos). Y la desventaja era que la teoría, en sí misma, no le servía de nada a los grupos en el poder. Entonces apareció Darwin.
Cierto es que aparte de Darwin hubo otros, como Wallace, que llegaron a conclusiones similares. Sin embargo, eran menos carismáticos, tenían una prosa horrenda o no tenían el poder y la cantidad de ejemplos que tenía Darwin. La teoría de Darwin, a diferencia de la de Lamarck, sólo tenía el problema del rechazo religioso. Es más simple y, aunque no tanto como sus versiones populares, se puede expresar en una o dos frases: “la supervivencia del más apto”, “la supervivencia del más fuerte” o, más acertada, “no sobrevive la especie más fuerte sino la más adaptable al cambio”. Además tenía la ventaja de que, expresada de cualquiera de estas formas, otorgaba una “justificación científica” a los gobiernos europeos en plena invasión de África y Asia: si antes “les llevaban” la “religión verdadera” ahora les llevaban la “civilización más avanzada, la más evolucionada”.
Por supuesto, estaban confundiendo peras con tlacuaches. Pero confundir peras con tlacuaches es un principio básico de la manipulación política: no somos los bárbaros mongoles que invaden Europa, somos los pioneros que colonizamos y llevamos la religión, la civilización, la libertad y la democracia (seguimos hablando del siglo XIX).
Darwin propuso un mecanismo simple y elegante para explicar tanto la diversidad de especies como su abundancia y la extinción de algunas de ellas: la selección natural. Desconociendo la genética mendeliana pero conociendo la genética intuitiva de los criadores de ganado, Carlitos sabía que había ciertos “caracteres” que se heredaban y que algunos de ellos habrían de servir más que otros al individuo para conseguir alimento y reproducirse. También se imaginó que las especies eran una suerte de continuo que iba desde los organismos más pequeños a los más grandes y dibujó unos explicativos arbolitos donde proponía la continuidad, por ejemplo, de los pinzones de las Galápagos o de los primates. Ahí estalló la bomba de los religiosos tradicionales: ¿es el ser humano un chango?, ¿no somos “especiales” y casi casi “divinos”?
Pero no sólo eso, sino que la teoría de Darwin, como la de Lamarck, dejaba una inmensa cantidad de huecos y fenómenos sin explicación y mucho de lo que proponía era sólo una idea inteligente pero sin ningún sustento empírico. Más todavía, su propuesta refutaba, en el fondo, el concepto mismo de “especie”. En otras palabras, fueron los científicos de religión tradicional abrahámica quienes formularon a partir de la Biblia el concepto de “especie” (“dos de cada especie”): creaciones únicas de Dios. Y, al proponer la idea del continuo, Darwin echaba por la borda dicho concepto. Por último, también se le criticó haber confundido el concepto de supervivencia con el concepto de extinción. Es decir, que la “selección natural” no explica la supervivencia de los “más aptos” o los “más adaptables” sino que explica la extinción de los “menos aptos” o los “menos adaptables”. Cuestión que puede parecer lo mismo pero no lo es: afirmar que sobreviven los más adaptables conlleva la idea de que la naturaleza se va perfeccionando —de ahí que la idea de “evolución” esté ligada en el habla coloquial a la idea de perfeccionamiento—, mientras que afirmar que se extinguen los “menos adaptables” conlleva la idea de que la naturaleza no es perfectible sino que siempre hay de todo un poco. Y, de pilón, la teoría de Darwin no explicaba —ni explica— la extinción de los fósiles más interesantes de todos: los dinosaurios.
Pero aun así, triunfó. Y las razones hay que buscarlas fuera de la ciencia: en un conflicto de fe. Como se mencionó atrás, en el buen siglo XIX el “progreso” estaba de moda. Más que eso, era una suerte de religión (que hoy continúa): todo mejora y vamos siempre en un camino infinito de perfección. Éste es el credo de la ciencia positivista, ese que profesaba el gabinete de Porfirio Díaz y por eso eran llamados “los científicos”. Así, se enfrentaron de un lado los que tenían fe en el progreso y, del otro, los que tenían fe en que la perfección sólo estaría en el Más Allá. Y, como los países más poderosos de la época eran los que habían cortado con la jerarquía católica —ya fuera por una revolución laica, como Francia, o porque idearan su propia versión del cristianismo, como Inglaterra—, pues ganaron los que creían en el progreso.
Entonces ¿esto significa que la teoría de Darwin no tiene nada de “científica”, nada de verdad? No.La estructura mágica
Como ya se podrá usted imaginar, el concepto de “especie” continúa hoy día, con modificaciones respecto al pensamiento original y sin su componente bíblico. Porque si bien sigue en debate, también es muy útil para la investigación. Algo similar sucede con la teoría de Darwin, aunque con mucho mayor impacto y con una historia harto más rica que, en general, tiene tres vertientes: la política, la religiosa y la científica.
La historia política es la más sabrosa y escalofriante. Políticos y humanistas leyeron a Darwin y encontraron en él al demonio o al dios de su inspiración. La mayoría leyeron “es natural que ganen los fuertes (y se jodan los débiles)”; más aún, “como la naturaleza va en camino a la perfección (o evoluciona), es claramente válido echarle una manita eliminando a los débiles”. Así nacieron el darwinismo social de Spencer, la raza cósmica de Vasconcelos, la frenología (para identificar a los débiles) y la eugenesia (para depurar la sociedad), y en la mayoría de países de Europa y América (más Australia) se propusieron o llevaron a cabo políticas de castración y abortos de “débiles” mientras que en África los europeos inventaban el “campo de concentración”. La apoteosis, claro está, fue Hitler, quien había tomado del darwinista Ernst Heackel la idea de que las razas humanas eran “especies” diferentes. Por desgracia, Auschwitz no fue el fin de estas prácticas y hoy día aún hay quien las propone.
Al otro lado del espectro ideológico, entre socialistas y comunistas, Darwin también tuvo su impacto. Ya que la teoría de la evolución indicaba que había individuos más aptos que otros y que en la naciente U.R.S.S. se suponía que todos eran iguales (además de que al bueno de Stalin le dio por creerse filósofo de la ciencia), pues se revivió a Lamark y se proscribieron el darwinismo y la genética, con su consabida cifra de científicos que murieron en Siberia.
En el ámbito religioso han aparecido varios puntos intermedios, por ejemplo: 1) Dios dispuso todo para que hubiera evolución de las especies y en la cúspide estamos nosotros. 2) La evidencia de que no existiera el hombre desde el inicio de la vida sólo prueba que, efectivamente, primero fue el Paraíso y después Dios nos creó. 3) Todas las especies evolucionan excepto nosotros (lo cual, en el caso optimista, sería una creencia y en el pesimista, una realidad). 4) Todo es falso y hay que enseñar creacionismo en las escuelas.
Por último, en el ámbito científico el debate sigue intenso por tres razones: por un lado, la dificultad de estudiar el fenómeno porque no hay registro fósil de todas las épocas en todos los lugares (además de que no todo se puede “fosilizar”), por otro, porque sigue sin haber una teoría que explique todos los casos (por ejemplo, la resistencia de las bacterias a los antibióticos parece resucitar a Lamark) y, por último, porque las teorías de la evolución, desde Darwin a nuestros días, conllevan una serie de supuestos filosóficos que no necesariamente comparten todos los científicos. Respecto a este último punto, vale la pena mencionar dos supuestos. Primero, la idea de que la naturaleza se “va perfeccionando” les suena demasiado mística a muchos. Y lo es. Pero, aparte, esta idea de perfeccionamiento condujo, curiosamente durante el auge de las partes reemplazables y las líneas de producción, a la idea de que entre más especializada fuera una especie, más “evolucionada”. Esto a su vez trajo consigo la idea de que entre más especialistas hubiera en un ecosistema, dicho ecosistema era más estable (tal como sucedía en los países de “primer mundo” a inicios del siglo XX). Y esto desemboca en el segundo supuesto problemático hoy día: el cambio continuo.
En otras palabras, ¿cambia continuamente la naturaleza o se mantiene estable? ¿A qué ritmo cambia? ¿Es verdad que nos estamos acabando el planeta o es algo “natural”? ¿Por qué si era un “hecho científico” que los ecosistemas con más especialistas eran los más estables, como las selvas tropicales y los arrecifes, ahora dicen los ecólogos que son los más frágiles al impacto de la actividad humana? ¿Qué es lo que sucede?
El estudio de la naturaleza es en gran medida un reflejo de nuestras sociedades. No porque lo que diga no parta de hechos observables, sino porque lo que se decide observar depende de los intereses de las personas. Así, la idea del macho alfa dominando la manada estuvo muy bien por muchos años, pero en la década de 1960 aparecen las primeras especies “feministas”, en la de 1970 los primeros “divorcios” entre animalitos, en la de 1980 comienza el boom de los organismos “homosexuales” y, mientras los nerds se volvían los hombres más importantes del mundo encabezados por Bill Gates, en la de 1990 comienzan a aparecer los estudios que muestran que el chicho de la manada no es el macho alfa sino el nerd que anda por ahí y que ni siquiera se mete en pleitos de supremacía (y luego, cuando el macho alfa se va, él se divierte de lo lindo con las muchachas).
De la teoría de la evolución de Darwin queda poco en la biología contemporánea y, aunque está estrechamente vinculada con la ecología (muchos libros de texto presentan ambos temas en la misma unidad), ahora con el “cambio climático” entra en conflicto con la idea del equilibrio ecológico. El conflicto es, por supuesto, más teórico y político, pues ¡hay que hacerles ver a nuestros gobernantes que hay que cuidar la naturaleza! No obstante, la estructura simple de la teoría de Darwin, sus arbolitos de continuidad y que “sobrevive la especie más adaptable”, sigue fecundando la imaginación de chicos y grandes: evolucionan las empresas, la literatura, los deportes, la cocina y todo lo que usted quiera.
La magia de la teoría de la evolución de Darwin no sólo es que dio, de forma sencilla, una serie de ideas y mecanismos para tratar de entender lo que ya se intuía: que la naturaleza cambia. Sino que además sintetizó el sentimiento de su época y su sociedad y ha servido de faro más allá de la biología: es posible evolucionar.
• Luis Felipe Lomelí (Guadalajara, 1975). Ingeniero físico, biotecnólogo, maestro en Ecología y doctor en Ciencia y Cultura. Su última novela es Cuaderno de flores (Tusquets, 2008).
• Grisel Samaniego (Ciudad de México, 1983). Licenciada en Ciencias de la comunicación y productora de televisión. Actualmente produce el programa de libros Entre líneas de Canal 22.
Fuente: Laberinto de Milenio Diario / México /
Sábado, 07 de febrero de 2009
¡Mamá, mi hermanito es el eslabón perdido!” “En este negocio, brodi, hay que evolucionar”. “A ese wey le creció de tanto que se la…” Etcétera. Las ideas de la teoría de la evolución se escuchan en cualquier plática, son parte de nuestra cultura. O, mejor dicho, el conjunto de ideas referentes a la evolución biológica y sus connotaciones sociales ya forman parte de nuestra manera de ver el mundo. Aunque, como se podría objetar aquí, ninguna de las frases anteriores es, de cierto, una “frase darwiniana”. Pero no importa.
El próximo 12 de febrero se cumplen 200 años del natalicio de uno de los hombres más influyentes del pensamiento occidental: Carlos Darwin. Y, como normalmente sucede con las teorías más significativas, ya sea el materialismo histórico, el psicoanálisis o la teoría de la evolución es que, como dijera Italo Calvino, “son libros que ya conocemos aunque nunca los hayamos leído”. Es decir, desde un cargador de abastos hasta un senador de la República, todos tenemos una idea de qué dijo Darwin. ¿Y qué dijo? Pues que evolucionamos. ¿Y qué es eso? Pues, ya lo dijo Cantinflas, ahí está el detalle.
¿Qué significa “evolucionar”?
Carlitos Darwin dijo, en resumen, que la naturaleza cambia, que el mundo que vemos hoy no es el que existía ayer, que hay especies que se extinguen y otras que surgen a partir de las anteriores. ¿Y nada más? ¿Para decir eso escribió cerca de 200 mil artículos y más de cinco libros y por eso, solamente por eso, es tan importante? Por supuesto que no. Pero tampoco es válido afirmar que la teoría de la evolución, tal como Darwin la formuló, es la que sigue vigente hoy día. Veamos.
En el buen siglo XIX, en el que vivió Darwin, había una idea en boga en Europa promovida por burgueses y masones: el progreso. Antes la idea predominante por esos lares era la de que “nada cambia”, la que se condensa en la frase de uno de sus más ilustres defensores, Leibnitz: “Vivimos en el mejor de los mundos posibles”. Esa idea le gustaba mucho a la camarilla de monarcas que se inventaron el cuento de que eran familias elegidas por Dios para gobernar sobre el resto: si vivimos en el mejor de los mundos posibles, para qué le mueves, nada va a mejorar. Y les funcionó por muchos siglos (de hecho, hoy día aún les sigue funcionando a algunos), hasta que aparecieron los burgueses y los siervos se hartaron de mantener a sus amos y estalló la Revolución francesa y se declararon las independencias de los países americanos.
Pero la idea del progreso no nace sólo del descontento social sino que antes se gesta en la ciencia, en la astronomía y la mecánica. Si se mira su historia, de Ptolomeo a Kepler y de Aristóteles a Newton, es fácil concluir que hay un progreso o mejoría en nuestro conocimiento: cada vez predecimos mejor el movimiento de los astros y hacemos máquinas más y más complejas. ¡Progresamos! Y si la ciencia progresa, por qué no habrían de hacerlo también las sociedades, las religiones, la naturaleza, la cocina, los deportes, etcétera.
Para cuando nace el pequeño Carlitos, la idea del progreso en las especies está en boga. Si bien desde que se tiene registro —cosa que en Occidente equivale a decir “desde los griegos”— hay noticia de organismos fosilizados, de caracoles marinos encontrados en la punta de las montañas, de mosquitos atrapados en una gota de ámbar, etcétera, a partir de que los europeos salen de su rancho y comienza para ellos la Era de los Descubrimientos impulsada por la sobrepoblación y la devastación de recursos, comienza también a estar de moda en las cortes tener “trofeos naturales”. Se inventan los jardines botánicos del rey, los museos donde se presume lo que se han robado en los cinco continentes, los zoológicos y los museos de historia natural donde lo mismo se exhibe a un jaguar que a un pigmeo disecado.
Este afán cazador y coleccionista sirve para que tengan muchísimo quehacer esos mantenidos por el Estado: los científicos (antes del siglo XIX no se llamaban así, pero hacían exactamente lo mismo como cortesanos y sacerdotes). Los “científicos” europeos heredaron la tradición religiosa islámica que dice que “conocer el mundo es una forma de conocer a Dios”, así que se dedican a conocerlo, a clasificar las especies vivas y muertas, a reconstruir las que ya no existen o existen muy lejos de la corte, a encontrar el “orden divino” del mundo que dicta la teología natural. Los franceses Buffon, Cuvier y Lamarck y el sueco Linneo son sus principales exponentes. Y, por supuesto, la historia no está exenta de anécdotas: del siglo XVII al XIX era más o menos común la profesión de “trapero de huesos”, gente que andaba por América, África y Oceanía juntando huesos de animales que luego vendían a las cortes para que los científicos armaran animales fantásticos. Claro está, incluso Cuvier, muchas veces terminaban armando animales que no existían: si tenían huesos de un ave, un reptil y un marsupial, en lugar de hacer tres animales, ¡hacían uno!
Y en este afán de ordenar el mundo se encontraron con el problema de cómo ordenar lo que ya no existe, las especies extintas: ¿es Dios capaz de aniquilar su creación? ¿Por qué habría de hacerlo? Para unos, la respuesta la daba la Biblia; para otros, el progreso, la “evolución”.
Los religiosos de un lado y los religiosos del otro
Para los religiosos abrahámicos tradicionales (cristianos, judíos, islámicos) la explicación a los fósiles estaba en donde “debería estar”: la Biblia. Ahí se habla del diluvio que arrasó con todo para limpiar el planeta y, como todo se inundó, por eso hay conchitas en las montañas. Esto dio origen a una de las primeras corrientes evolucionistas: los neptunianos, los que veían en el mar la razón de los cambios en la Tierra. Sin embargo, la misma Biblia afirma que Dios le dijo a Noé que subiera a su lancha “dos de cada especie” y, para el siglo XVIII ya se habían encontrado hartos fósiles de animales extintos que no parecían, por ningún motivo, “marinos”. Y, como muchos de estos fósiles se encontraban cerca de los volcanes, de ahí toma su nombre la otra corriente: los vulcanistas o plutonistas, para quienes los cambios de la Tierra eran causa de los volcanes.
Ambas corrientes, más en el ámbito de la geología que de la biología, siguieron debatiendo incluso después de la muerte de Darwin a finales del XIX. Pero, por lo pronto, habían asentado una cosa: el planeta cambia.
En el área de la biología el primero en tratar de dar una explicación coherente del cambio y/o “evolución” de las “especies” es Jean Baptiste Lamarck quien, para cuando Carlitos Darwin aún era impúber, ya había terminado su teoría. Dicha teoría se encontró con dos problemas principales y una desventaja. Los problemas eran: 1) el rechazo de los religiosos tradicionales y 2) la teoría era compleja y parte de, por lo menos, tres principios cuya combinación determina la evolución de un organismo; de modo que no se logró expresar de forma coloquial más allá de frases absurdas como “a ese wey le creció de tanto que se la…” (o el uso y desuso de los órganos). Y la desventaja era que la teoría, en sí misma, no le servía de nada a los grupos en el poder. Entonces apareció Darwin.
Cierto es que aparte de Darwin hubo otros, como Wallace, que llegaron a conclusiones similares. Sin embargo, eran menos carismáticos, tenían una prosa horrenda o no tenían el poder y la cantidad de ejemplos que tenía Darwin. La teoría de Darwin, a diferencia de la de Lamarck, sólo tenía el problema del rechazo religioso. Es más simple y, aunque no tanto como sus versiones populares, se puede expresar en una o dos frases: “la supervivencia del más apto”, “la supervivencia del más fuerte” o, más acertada, “no sobrevive la especie más fuerte sino la más adaptable al cambio”. Además tenía la ventaja de que, expresada de cualquiera de estas formas, otorgaba una “justificación científica” a los gobiernos europeos en plena invasión de África y Asia: si antes “les llevaban” la “religión verdadera” ahora les llevaban la “civilización más avanzada, la más evolucionada”.
Por supuesto, estaban confundiendo peras con tlacuaches. Pero confundir peras con tlacuaches es un principio básico de la manipulación política: no somos los bárbaros mongoles que invaden Europa, somos los pioneros que colonizamos y llevamos la religión, la civilización, la libertad y la democracia (seguimos hablando del siglo XIX).
Darwin propuso un mecanismo simple y elegante para explicar tanto la diversidad de especies como su abundancia y la extinción de algunas de ellas: la selección natural. Desconociendo la genética mendeliana pero conociendo la genética intuitiva de los criadores de ganado, Carlitos sabía que había ciertos “caracteres” que se heredaban y que algunos de ellos habrían de servir más que otros al individuo para conseguir alimento y reproducirse. También se imaginó que las especies eran una suerte de continuo que iba desde los organismos más pequeños a los más grandes y dibujó unos explicativos arbolitos donde proponía la continuidad, por ejemplo, de los pinzones de las Galápagos o de los primates. Ahí estalló la bomba de los religiosos tradicionales: ¿es el ser humano un chango?, ¿no somos “especiales” y casi casi “divinos”?
Pero no sólo eso, sino que la teoría de Darwin, como la de Lamarck, dejaba una inmensa cantidad de huecos y fenómenos sin explicación y mucho de lo que proponía era sólo una idea inteligente pero sin ningún sustento empírico. Más todavía, su propuesta refutaba, en el fondo, el concepto mismo de “especie”. En otras palabras, fueron los científicos de religión tradicional abrahámica quienes formularon a partir de la Biblia el concepto de “especie” (“dos de cada especie”): creaciones únicas de Dios. Y, al proponer la idea del continuo, Darwin echaba por la borda dicho concepto. Por último, también se le criticó haber confundido el concepto de supervivencia con el concepto de extinción. Es decir, que la “selección natural” no explica la supervivencia de los “más aptos” o los “más adaptables” sino que explica la extinción de los “menos aptos” o los “menos adaptables”. Cuestión que puede parecer lo mismo pero no lo es: afirmar que sobreviven los más adaptables conlleva la idea de que la naturaleza se va perfeccionando —de ahí que la idea de “evolución” esté ligada en el habla coloquial a la idea de perfeccionamiento—, mientras que afirmar que se extinguen los “menos adaptables” conlleva la idea de que la naturaleza no es perfectible sino que siempre hay de todo un poco. Y, de pilón, la teoría de Darwin no explicaba —ni explica— la extinción de los fósiles más interesantes de todos: los dinosaurios.
Pero aun así, triunfó. Y las razones hay que buscarlas fuera de la ciencia: en un conflicto de fe. Como se mencionó atrás, en el buen siglo XIX el “progreso” estaba de moda. Más que eso, era una suerte de religión (que hoy continúa): todo mejora y vamos siempre en un camino infinito de perfección. Éste es el credo de la ciencia positivista, ese que profesaba el gabinete de Porfirio Díaz y por eso eran llamados “los científicos”. Así, se enfrentaron de un lado los que tenían fe en el progreso y, del otro, los que tenían fe en que la perfección sólo estaría en el Más Allá. Y, como los países más poderosos de la época eran los que habían cortado con la jerarquía católica —ya fuera por una revolución laica, como Francia, o porque idearan su propia versión del cristianismo, como Inglaterra—, pues ganaron los que creían en el progreso.
Entonces ¿esto significa que la teoría de Darwin no tiene nada de “científica”, nada de verdad? No.La estructura mágica
Como ya se podrá usted imaginar, el concepto de “especie” continúa hoy día, con modificaciones respecto al pensamiento original y sin su componente bíblico. Porque si bien sigue en debate, también es muy útil para la investigación. Algo similar sucede con la teoría de Darwin, aunque con mucho mayor impacto y con una historia harto más rica que, en general, tiene tres vertientes: la política, la religiosa y la científica.
La historia política es la más sabrosa y escalofriante. Políticos y humanistas leyeron a Darwin y encontraron en él al demonio o al dios de su inspiración. La mayoría leyeron “es natural que ganen los fuertes (y se jodan los débiles)”; más aún, “como la naturaleza va en camino a la perfección (o evoluciona), es claramente válido echarle una manita eliminando a los débiles”. Así nacieron el darwinismo social de Spencer, la raza cósmica de Vasconcelos, la frenología (para identificar a los débiles) y la eugenesia (para depurar la sociedad), y en la mayoría de países de Europa y América (más Australia) se propusieron o llevaron a cabo políticas de castración y abortos de “débiles” mientras que en África los europeos inventaban el “campo de concentración”. La apoteosis, claro está, fue Hitler, quien había tomado del darwinista Ernst Heackel la idea de que las razas humanas eran “especies” diferentes. Por desgracia, Auschwitz no fue el fin de estas prácticas y hoy día aún hay quien las propone.
Al otro lado del espectro ideológico, entre socialistas y comunistas, Darwin también tuvo su impacto. Ya que la teoría de la evolución indicaba que había individuos más aptos que otros y que en la naciente U.R.S.S. se suponía que todos eran iguales (además de que al bueno de Stalin le dio por creerse filósofo de la ciencia), pues se revivió a Lamark y se proscribieron el darwinismo y la genética, con su consabida cifra de científicos que murieron en Siberia.
En el ámbito religioso han aparecido varios puntos intermedios, por ejemplo: 1) Dios dispuso todo para que hubiera evolución de las especies y en la cúspide estamos nosotros. 2) La evidencia de que no existiera el hombre desde el inicio de la vida sólo prueba que, efectivamente, primero fue el Paraíso y después Dios nos creó. 3) Todas las especies evolucionan excepto nosotros (lo cual, en el caso optimista, sería una creencia y en el pesimista, una realidad). 4) Todo es falso y hay que enseñar creacionismo en las escuelas.
Por último, en el ámbito científico el debate sigue intenso por tres razones: por un lado, la dificultad de estudiar el fenómeno porque no hay registro fósil de todas las épocas en todos los lugares (además de que no todo se puede “fosilizar”), por otro, porque sigue sin haber una teoría que explique todos los casos (por ejemplo, la resistencia de las bacterias a los antibióticos parece resucitar a Lamark) y, por último, porque las teorías de la evolución, desde Darwin a nuestros días, conllevan una serie de supuestos filosóficos que no necesariamente comparten todos los científicos. Respecto a este último punto, vale la pena mencionar dos supuestos. Primero, la idea de que la naturaleza se “va perfeccionando” les suena demasiado mística a muchos. Y lo es. Pero, aparte, esta idea de perfeccionamiento condujo, curiosamente durante el auge de las partes reemplazables y las líneas de producción, a la idea de que entre más especializada fuera una especie, más “evolucionada”. Esto a su vez trajo consigo la idea de que entre más especialistas hubiera en un ecosistema, dicho ecosistema era más estable (tal como sucedía en los países de “primer mundo” a inicios del siglo XX). Y esto desemboca en el segundo supuesto problemático hoy día: el cambio continuo.
En otras palabras, ¿cambia continuamente la naturaleza o se mantiene estable? ¿A qué ritmo cambia? ¿Es verdad que nos estamos acabando el planeta o es algo “natural”? ¿Por qué si era un “hecho científico” que los ecosistemas con más especialistas eran los más estables, como las selvas tropicales y los arrecifes, ahora dicen los ecólogos que son los más frágiles al impacto de la actividad humana? ¿Qué es lo que sucede?
El estudio de la naturaleza es en gran medida un reflejo de nuestras sociedades. No porque lo que diga no parta de hechos observables, sino porque lo que se decide observar depende de los intereses de las personas. Así, la idea del macho alfa dominando la manada estuvo muy bien por muchos años, pero en la década de 1960 aparecen las primeras especies “feministas”, en la de 1970 los primeros “divorcios” entre animalitos, en la de 1980 comienza el boom de los organismos “homosexuales” y, mientras los nerds se volvían los hombres más importantes del mundo encabezados por Bill Gates, en la de 1990 comienzan a aparecer los estudios que muestran que el chicho de la manada no es el macho alfa sino el nerd que anda por ahí y que ni siquiera se mete en pleitos de supremacía (y luego, cuando el macho alfa se va, él se divierte de lo lindo con las muchachas).
De la teoría de la evolución de Darwin queda poco en la biología contemporánea y, aunque está estrechamente vinculada con la ecología (muchos libros de texto presentan ambos temas en la misma unidad), ahora con el “cambio climático” entra en conflicto con la idea del equilibrio ecológico. El conflicto es, por supuesto, más teórico y político, pues ¡hay que hacerles ver a nuestros gobernantes que hay que cuidar la naturaleza! No obstante, la estructura simple de la teoría de Darwin, sus arbolitos de continuidad y que “sobrevive la especie más adaptable”, sigue fecundando la imaginación de chicos y grandes: evolucionan las empresas, la literatura, los deportes, la cocina y todo lo que usted quiera.
La magia de la teoría de la evolución de Darwin no sólo es que dio, de forma sencilla, una serie de ideas y mecanismos para tratar de entender lo que ya se intuía: que la naturaleza cambia. Sino que además sintetizó el sentimiento de su época y su sociedad y ha servido de faro más allá de la biología: es posible evolucionar.
• Luis Felipe Lomelí (Guadalajara, 1975). Ingeniero físico, biotecnólogo, maestro en Ecología y doctor en Ciencia y Cultura. Su última novela es Cuaderno de flores (Tusquets, 2008).
• Grisel Samaniego (Ciudad de México, 1983). Licenciada en Ciencias de la comunicación y productora de televisión. Actualmente produce el programa de libros Entre líneas de Canal 22.
Fuente: Laberinto de Milenio Diario / México /
Sábado, 07 de febrero de 2009
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Darwinismo (gaceta virtual)
Observaciones conductuales en el viaje de Darwin abordo del Beagle1
Aristóbulo Pérez; Germán Gutiérrez; Alejandro Segura2
Universidad Nacional de Colombia
RESUMEN
Si bien la obra de Darwin ha sido analizada en detalle por historiadores de la ciencia, el papel de la conducta en el desarrollo de la teoría de la evolución no ha sido suficientemente abordado en este tipo de estudios. En este estudio se extraen, describen y analizan las observaciones de comportamiento realizadas por Darwin en El viaje del Beagle. Se presenta el contexto del viaje y se describe la ruta, objetivos y características del mismo. Se lleva a cabo una clasificación de los diferentes tipos de observación y los diferentes tipos de comportamiento de múltiples especies presentadas por Darwin.
El viaje del Beagle ha sido con mucho el acontecimiento más importante de mi vida, y ha determinado toda mi carrera.
Considero que todo lo que he aprendido de valor ha sido de modo autodidacta.
Siempre he sentido que debí al viaje (del Beagle) la primera verdadera formación de mi mente. Fui estimulado a observar de cerca varias ramas de la historia natural, y de este modo mejoró mi capacidad de observación, aunque estaba bastante desarrollada.
(Darwin, 1993, p. 42-43)
INTRODUCCIÓN
L
a teoría de la evolución planteada por Charles Darwin es la teoría unificadora de las ciencias de la vida (Maynard-Smith, 1993). Las ideas de Darwin influenciaron en forma radical numerosas áreas del conocimiento y el impacto de su pensamiento se observó más claramente al superarse el "Eclipse del Darwinismo", periodo de finales del siglo XIX, en que se dio un ataque a los postulados evolucionistas de Darwin por amplios sectores de la ciencia y la religión (Bowler, 1985). Este periodo de controversia llegó a su fin en las primeras décadas del siglo XX al organizarse el nivel de explicación biológico sobre las bases de la teoría evolutiva de Darwin y la teoría genética de Mendel, conocida como la "Síntesis Moderna". De allí en adelante el interés de los investigadores, se ha centrado predominantemente en el valor científico de la teoría evolutiva de Darwin y el cambio producido por ésta al pensamiento científico moderno (Bowler, 1989). El estudio de la obra de Darwin se ha convertido en las últimas décadas en un área con cuerpo propio en la historia de la ciencia.
La influencia del pensamiento de Darwin llega a la Psicología por lo menos en dos vertientes: La primera, que se presenta en The Expresión of the Emotions in Man and Animals (La Expresión de las Emociones en el Hombre y los Animales) (Darwin, 1872/1965) que es complementada con los tratados sobre el comportamiento de las plantas (Darwin, 1876) y el comportamiento de las lombrices (Darwin, 1881), versa sobre los mecanismos subyacentes de los fenómenos de conducta, por lo que se ha denominado Psicología Evolucionista. De esta categorización de los escritos de Darwin nos limitaremos al tema comportamental de la fauna registrado durante el viaje. La segunda, es la aproximación al estudio del comportamiento animal, desde lo que conocemos como Psicología Comparada, la cual se apoya en la teoría evolutiva al establecer una continuidad en los procesos o mecanismos que dirigen el comportamiento en diferentes niveles de la escala filogenética (Dewsbury, 1978). Además, enfatiza en la pertinencia de realizar estudios empíricos de los cambios ocurridos en el comportamiento por la influencia del ambiente, de donde se desprende que organismos que comparten presiones ambientales similares presentan patrones de conducta similares (analogía) y, organismos que provienen de un ancestro común comparten estructuras similares y poseen la capacidad de presentar conductas similares para resolver problemas adaptativos (homología) (Papini, 2002).
La influencia de los postulados evolutivos ha sido empleada por la psicología para dar una mayor consistencia a sus postulados teóricos y también han sido la base para dirigir y validar el estudio empírico de la conducta. En síntesis, se reconoce claramente la influencia de Darwin en el estudio científico de la conducta, pero conocemos muy parcialmente la influencia que la observación de la conducta generó, en los estudios científicos de Darwin; muestra de ello es el estudio que realiza de las costumbres en varias especies y que plasma en El Origen del Hombre (Darwin, 1871/1953). Sin embargo, no se han realizado estudios detallados que permitan comprender cuál fue el papel de la identificación de los comportamientos de las diferentes especies observadas por Darwin, en la elaboración de su teoría evolutiva. En diversos escritos, Darwin plantea ejemplos conductuales para apoyar sus ideas sobre la selección natural, la selección sexual y sus mecanismos. ¿De dónde surgieron dichos ejemplos? ¿Qué influencia tuvo el viaje a bordo del Beagle en las ideas sobre la evolución del comportamiento?
Estas preguntas son amplias y de difícil contrastación; sin embargo, un punto de partida es saber qué significó el viaje a bordo del Beagle, para Darwin y para la ciencia. Con base en ello nos proponemos presentar un estudio sobre las observaciones que el naturalista inglés realizó sobre la conducta de los animales y que fueron consignadas en las anotaciones a bordo del barco y posteriormente complementadas en Londres. Revisar El Diario del Viaje del Beagle es entonces, una tarea necesaria para la comprensión del pensamiento de Darwin y del papel que la observación de la conducta jugó en la formación de su pensamiento.
En el presente estudio, nos planteamos los siguientes objetivos: Primero, identificar los pasajes descriptivos sobre el comportamiento animal consignados en el escrito. Segundo, ordenar y clasificar las observaciones sobre el comportamiento animal. Tercero, clasificar la modalidad observacional en menciones, descripciones, comparaciones, explicaciones, hipótesis y experimentos. Cuarto, clasificar las conductas de acuerdo con patrones conductuales en forrajeo, defensa, locomoción, comunicación, reproducción y conducta social.
Para contextualizar el tema, es necesario describir primero las características del viaje y luego las anotaciones del Diario en el que están consignadas las observaciones conductuales.
EL VIAJE DEL BEAGLE
El viaje del barco H.M.S. Beagle se inició el 27 de diciembre de 1831 en el puerto de Devonport, dique naval de Plymouth (Inglaterra) y se terminó el 22 de octubre de 1836 en el puerto de Falmouth. Un viaje planeado para dos o tres años, empleó cinco. El viaje del Beagle, al mando del capitán Robert FitzRoy, un miembro de la aristocracia inglesa, tenía dos misiones: primero, continuar con los trabajos cartográficos de la costa suramericana, y segundo, conseguir una determinación más precisa de la longitud terrestre mediante una serie de cálculos cronométricos alrededor del mundo (Nichols, 2003).
Darwin fue aceptado como naturalista del barco, cargo que tomó con entusiasmo, y que le llevaría a recorrer un mundo por completo desconocido para él. Sus funciones consistían en recolectar muestras de plantas y animales, observar y registrar la mayor parte de los detalles de los pájaros, los paisajes, los nativos, el polvo, las plantas. Dice Darwin:
Consagraba parte del día a escribir mi diario y ponía especial cuidado en describir minuciosa y vivamente todo lo que había visto; esto fue una buena práctica. Parte de mi diario sirvió también para mi correspondencia con casa, que enviaba a Inglaterra en cuanto se prestaba la oportunidad (Darwin, 1993, p.44).
Durante el viaje el barco atracó en cerca de 41 puertos principales; entre ellos, las Islas Canarias, Cabo Verde y Saint Paul, Sao Paulo y Río de Janeiro, Uruguay, Buenos Aires, Bahía Blanca, Patagonia, Tierra de Fuego, Estrecho de Magallanes, Chonos, Chiloé, Concepción, Islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda y Australia. En varias partes donde desembarcaron, Darwin aprovechaba para viajar por la comarca, realizando cerca de once excursiones, unas cortas a pie y otras de varios días a caballo.
Al inicio del viaje, Darwin experimentó malestares propios de un viaje en barco, pero que fueron más intensos de lo esperado por él. Sin embargo, poco a poco, dichos malestares fueron cediendo y le dieron la posibilidad de explorar y cumplir su labor como naturalista del barco (Moorehead, 1980). Los paisajes tropicales le sorprendieron y maravillaron. Todo le parecía majestuoso: la selva ecuatorial, el tamaño de los árboles, las mariposas de colores metálicos, las ballenas, los delfines juguetones, los pingüinos, los insectos, las hormigas legionarias, las aves de vistosos colores, los nativos y sus costumbres, el paisaje. Escribió a su familia: "Podía contemplar sin dificultad bosques, flores, pájaros, y la satisfacción de observarlos era infinita". "Los árboles eran grandiosos y extraordinarios en comparación con los de Europa debido a la blancura de sus troncos" (Moorehead, 1980, p. 42-43).
El capitán FitzRoy abrigaba muchas esperanzas con respecto a Darwin. Suponía que un naturalista podía hallar pruebas a favor de las afirmaciones bíblicas, en particular, pruebas del diluvio universal y de la creación de los seres. Darwin, por su parte, estaba de acuerdo y esperaba ser muy útil en este sentido (Nichols, 2003). Darwin pudo percatarse durante el viaje, de que a la par con lo maravilloso del paisaje, de su fauna y flora, existía una amenaza permanente de parte de los habitantes, animales y humanos. Presenció la lucha tenaz de la avispa del género Pepsis con la araña del género Lycosa; contempló la marcha de las hormigas legionarias que formaban una hilera de unos 90 metros de largo, que arrollaba con cuanto insecto, araña o lagarto se cruzara por su sendero; observó las técnicas de la araña Epeira para atrapar sus presas. También pudo notar que para predador y presa la apariencia disfrazada les era necesaria para so
brevivir. Entre los humanos presenció la brutal esclavitud existente en el Brasil. Esta práctica que también era frecuente en algunos países europeos, le provocó a Darwin este comentario: "Hace hervir la sangre, estremecer el corazón, pensar que nosotros los ingleses y nuestros descendientes americanos, con nuestra hipócrita exaltación de la libertad, hayamos sido y seamos tan criminales" (Moorehead, 1980, p. 44).
En algunas ocasiones, Darwin planeaba y ejecutaba experimentos o practicaba la disección. Darwin colectaba toda clase de organismos, animales y vegetales, y se los enviaba a su amigo Henslow a Inglaterra cada cierto tiempo. Unos en frascos con alcohol y otros envueltos en papel o estopa dentro de guacales. Mientras el capitán FitzRoy se dedicaba a realizar sus mediciones cartográficas en las costas, Darwin aprovechaba el tiempo en planear y ejecutar excursiones a lugares de interés. Así fue como en Punta Alta y en la Patagonia, Darwin encontró 9 restos fósiles de animales gigantes extinguidos: tres cabezas y huesos de Megatherium; un Megalonyx; un esqueleto casi completo de Scelidotherium, que debió ser tan grande como un rinoceronte; un Mylodon Darwinii, un poco menor que el anterior; un desdentado gigantesco; una caparazón de un animal gigantesco muy parecido al armadillo; una especie extinta de caballo; un diente de un paquidermo, el Macrauchenia, notable cuadrúpedo tan grande como un camello; un Toxodon, uno de los animales más extraños que se hayan descubierto jamás, parecido al elefante (Darwin, 1845/1983, ver capítulos V y VI).
¿Qué circunstancias llevaron a los cambios en la zoología de América? ¿Cuáles pudieron ser las causas de su extinción? Fueron estas unas de las preguntas que inquietaron a Darwin: "Eso es lo que nadie ha podido determinar aún", decía; "Nos vemos pues, obligados a deducir que la abundancia o la escasez de una especie cualquiera, quedan determinadas por causas que escapan de ordinario a nuestros medios de apreciación". Pero Darwin se dio perfecta cuenta de que los fósiles gigantescos eran animales que, aunque ya extinguidos, se parecían extraordinariamente a sus equivalentes actuales. Por ejemplo, las similitudes entre el macrauchenia y el guanaco; entre el toxodon y el capibara; entre los desdentados fósiles y los perezosos; entre los hormigueros fósiles y los armadillos actuales.
En cada región que recorría, Darwin buscaba con afán la posibilidad de observar, describir, y si era posible, recolectar la especie encontrada. Así, describió a los guanacos, al cóndor de los Andes, al puma, al ganado vacuno de una raza muy conspicua, a zorros, a pingüinos y a ocas; avestruces, arañas y lagartos (iguanas) de las Galápagos, lo mismo que los pinzones que llevan su nombre y las tortugas, además de otra cantidad de organismos.
"En lo que puedo juzgar respecto de mi mismo, trabajé al máximo durante la travesía por el mero placer de investigar y guiado por mi firme deseo de añadir algo más a la gran masa de datos con que cuenta la ciencia natural"(Darwin, 1993, p. 47).
A largo de la travesía, Darwin fue buen compañero con todos los de la tripulación del Beagle. El teniente Sullivan decía:
"Puedo afirmar con toda seguridad mi convencimiento de que, durante los cinco años que pasamos en el Beagle, nunca se supo que Darwin estuviera de mal humor o que dirigiera una palabra hiriente o impaciente a nadie...esto, junto con la admiración que sentíamos por su energía y talento, nos llevó a ponerle el apodo de El querido viejo filósofo (Moorehead, 1980, p. 32).
La actividad diaria en el barco tenía una rutina general para todos. El desayuno a las ocho; luego, las actividades de oficio de cada quien. Darwin clasificaba, diseccionaba o tomaba notas. El almuerzo, a la una de la tarde: arroz, legumbres, pan y agua. Estaba prohibido consumir licores. La cena a las cinco de la tarde: carne y alimentos contra el escorbuto (ciruelas secas, jugo de limón). Una charla entre los oficiales remataba el día. Los domingos, el capitán FitzRoy oficiaba un acto religioso que consistía en la lectura de pasajes bíblicos (Moorehead, 1980, p. 30 y 55).
A Darwin le colaboraban algunos amigos de la misma tripulación. Por ejemplo, Sims Covington le ayudaba a recolectar, desollar y disecar los animales capturados, oficio que aprendió del mismo Darwin. Augusto Earle, dibujante excepcional, se encargaba de pintar los paisajes, las ciudades y los especímenes que Darwin recolectaba; congeniaron mucho, pues compartían el mismo entusiasmo por la naturaleza.
EL DIARIO DEL VIAJE
Jastrow (1993) afirma que los libros de Darwin son frecuentemente citados, comentados, criticados, pero poco leídos. La afirmación anterior es probablemente cierta y es posible que el Viaje del Beagle haga parte de esa lista de grandes obras leídas por muy pocos, a pesar de ser "un libro de viajes muy ameno", como lo califica Mayr (1992).
Este escrito ha recibido varias denominaciones. Darwin hizo sus anotaciones, unas cortas y otras extensas, a bordo del barco y durante sus excursiones que se convirtieron en su Diario. En un carta dirigida al Profesor Henslow y fechada el 24 de Julio de 1834, Darwin señalaba que sus notas ya completaban unas 600 páginas. ¡Aún faltaban más de dos años de su travesía! (Burkhardt, 1998). Durante los siguientes años después del regreso a Londres, organizó sus anotaciones, las complementó y publicó en un triple volumen, bajo el nombre de Journal of the Voyage of Beagle, junto con un libro de memorias del capitán FitzRoy y otro libro del capitán King, comandante del Adventure, navío compañero del Beagle en una parte de su travesía (FitzRoy, King & Darwin, 1839). Los tres libros de esta publicación no recibieron la misma atención de parte del público. Mientras el volumen de Darwin fue aceptado por el público y reeditado rápidamente en 1840 con el nombre de Naturalist's Voyage (Viaje de un naturalista), los libros de King y Fitzroy no recibieron la misma atención (Gutiérrez, 2006). Con base en el título del triple volumen, han aparecido varias traducciones a otros idiomas, entre ellos el español. Con el éxito en las ventas que tuvo la primera edición, John Murray compró la propiedad literaria por 150 libras esterlinas y lo publicó en 1845. Las dos ediciones (1840 y 1845) difieren en su contenido (Ver tabla 1).
La edición de 1845 duplica a la de 1840 en el número de capítulos y además contiene muchas referencias a varios científicos de la época, discusiones y aclaraciones y, desde luego, incluye descripciones geológicas que no figuraban en la primera edición. Pero también se eliminan pasajes. "En esta nueva edición, explica Darwin, he acortado considerablemente algunas partes, y en cambio, he extendido otras, a fin de hacer la obra más accesible a todos los lectores"(1845/1909, Prólogo).
Los escritos de Darwin han sido catalogados en seis temas principales: Historia natural, Geología, Zoología, Evolución, Botánica y Psicología (Ghiselin, 1983). Para propósitos de este estudio interesa básicamente el de historia natural que Darwin desarrolló durante el viaje del Beagle, coleccionando gran cantidad de especimenes zoológicos y botánicos y describiendo los comportamientos de los animales más representativos de las comarcas visitadas. Darwin no teoriza (o lo hace muy poco) sobre los temas comportamentales, sobre la flora o la fauna, pero se establece el comienzo del desarrollo científico de Darwin, así éste no intentara recoger pruebas a favor de alguna teoría en particular. Darwin se vio muy influenciado por lo que observó durante el viaje. En sus palabras, el viaje le valió "la primera verdadera formación o educación de mi mente" (1993, p. 42-43).
ESTUDIOS SOBRE EL DIARIO DEL VIAJE
Los intereses y esfuerzos de Darwin por el estudio de la conducta no son muy conocidos. Son pocas las referencias a descripciones, análisis y explicaciones de la conducta hechas por Darwin en su Diario del Viaje. Tanto las descripciones conductuales de su Diario como las que plantea en La expresión de las emociones en el hombre y los animales han recibido poca atención y estudio, y en ocasiones se les han criticado como si fueran un conjunto desordenado de observaciones hecho por las aficiones casuales de un naturalista en un fin de semana (por ejemplo, Beer, 1963; Irvine, 1955, citados por Ghiselin, 1983, p. 211-212). Sin embargo, se encuentran estudios más atentos sobre los escritos del Diario a bordo y las ediciones posteriores (Barlow, 1946).
Uno de ellos, es el trabajo de Armstrong (1993) en que el autor presenta apartes del Viaje del Beagle y a través de ellos señala algunos elementos comunes que sugieren antecedentes del desarrollo del pensamiento de Darwin, en términos de método, relaciones funcionales y explicación de la conducta. Primero, resalta el uso temprano de Darwin de una estrategia comparativa, que vincula observaciones de especies de Suramérica y especies relacionadas de otras regiones del mismo continente o de Europa. Segundo, presenta ejemplos en los que Darwin buscaba establecer una relación entre la conducta de una especie y características de su hábitat. Tercero, señala que los niveles de explicación preferidos por Darwin en su primer libro son el nivel descriptivo y el analítico. La estrategia de Armstrong, y la de otros autores, sin embargo, se ha basado en una selección de citas del Viaje del Beagle para a partir de allí sacar algunas conclusiones sobre la forma de trabajo, supuestos, tipos de explicación y papel asignado a la conducta en la vida natural de las especies encontradas en el viaje. Una estrategia más sistemática de análisis de los escritos de Darwin sobre el viaje no ha sido realizada.
MARCO CONCEPTUAL DE DARWIN DURANTE EL VIAJE
Parece ser que antes del viaje y durante éste, Darwin se dedicó a la lectura de algunos libros que le prepararon, unos anímicamente y otros conceptualmente, a enfrentar los sucesos del viaje. Entre estos libros se encuentran Travels de Burchell, Travels in South America de Caldclough, Principles of Geology de Lyell, La Biblia, unos libros en español (probablemente los escritos de Felix de Azara). Añade Darwin:
Durante mi último año en Cambridge, leí con atención y profundo interés Personal Narrative (Relato Intimo)de Humboldt. Esta obra y la Introduction to the Study of Natural Philosophy (Introducción al estudio de la filosofía natural)de sir J. Herschel suscitaron en mi un ardiente deseo de aportar aunque fuera la más humilde contribución a la noble estructura de la ciencia natural(Darwin, 1993, p. 36).
Estas y otras lecturas influyeron en Darwin a modo de marco de referencia conceptual, dentro del que observaba e interpretaba los hechos tanto de comportamiento como de los demás temas de su interés. En el Diario, por ejemplo, sigue el modelo de los escritos de Humboldt. Cuando Darwin trata de explicar la extinción de los animales gigantescos fósiles apela a los Principles of Geology de Lyell, y lo hace con frecuencia en las descripciones geológicas. Durante el viaje, Darwin creía en la "fijeza de las especies" y en el "uniformismo" geológico, como Lyell. Darwin llegó a afirmar:"Nunca olvido que casi todo lo que he hecho en ciencia se lo debo al estudio de sus grandes obras"(Ghiselin, 1983, p.29). La Biblia, por su parte, era para Darwin un punto de referencia necesario y útil. En su Autobiografía afirma que "no dudaba en absoluto de la verdad estricta y literal de cada palabra de la Biblia" (p.25). Y a bordo del Beagle recibió burlas y risas de parte de varios oficiales al citarles la Biblia como autoridad moral (Ver Mayr, 1992, p. 26).
Resta por indicar un conjunto conceptual que fue utilizado por Darwin durante el viaje: "el creacionismo". Esta doctrina suponía que el universo había sido creado por un acto divino, pero no en un solo lugar, sino en varios. En sus actividades como naturalista, Darwin desarrolló la Biogeografía, a la manera tradicional, es decir, alrededor de la idea de los "centros de creación" y dándole algún tratamiento ecológico similar al de Humboldt. Consistía en estudiar cómo están distribuidas las especies, tanto vegetales como animales, en las diferentes áreas del planeta. Darwin siempre se planteaba ese interrogante en sus observaciones. Su anhelo era identificar los "centros de creación", pero no le interesaban los mecanismos de formación de las especies. En ese momento, Darwin era un creacionista y no un evolucionista.
En el capítulo sobre las islas de las Galápagos (Darwin, 1840/1972, cap.10), Darwin se expresa así:
A la vista de todo lo que ha podido observarse en este archipiélago, resulta verdaderamente asombrosa la gran cantidad de fuerza creadora, valga la expresión, evidenciada por estas pequeñas islas, rocosas y estériles. Y todavía resultan más sorprendentes los diferentes efectos, aunque análogos, que esta fuerza creadora ha producido en puntos tan cercanos.
Según Barlow (1946), Darwin expresó esta afirmación en su Diario (p. 236), hablando de la región cercana a Valparaiso: "No parece muy improbable conjeturar que la falta de animales se puede deber a que no se ha creado ninguno después de que este país saliera del mar" (En Ghiselin, 1983, p. 52). El desarrollo de la biogeografía hecho por Darwin, dentro del marco conceptual que manejaba, fue, no obstante, el que más tarde le sirvió para plantear y argumentar el proceso de la evolución de las especies (Ghiselin, 1983, p. 47 y sig.).
MÉTODO
Fuentes
Para los propósitos de este estudio se ha utilizado la edición de 1840, traducción española "Viaje de un naturalista" (1972). Se utilizó la edición de 1845, traducción española, "Viaje del Beagle" (1983). Otra fuente fue la edición en ingles ""The Voyage of the Beagle" (1909) correspondiente a la de 1845. Estas dos últimas son equivalentes. Se hace uso de la denominación El diario para las referencias al escrito de Darwin durante el viaje y sus ediciones posteriores porque el mismo Darwin las denomina así, y en el prólogo de la edición de 1845 dice que "Este volumen contiene, en forma de Diario, la historia de nuestro viaje y algunas breves observaciones acerca de la historia natural...".
PROCEDIMIENTO
Mediante la lectura sistemática del libro "El viaje del Beagle" se identificaron los pasajes descriptivos en los que Darwin hace referencia al comportamiento de especies animales. Posteriormente, estas observaciones conductuales fueron ordenadas y clasificadas por especie identificando el nivel observacional y el tipo de análisis que Darwin empleó: mención, descripción, explicación, hipótesis y experimentación. Finalmente se distinguieron las conductas (forrajeo, defensa, locomoción, comunicación, reproducción y conducta social), que Darwin observó en su viaje a bordo del Beagle.
RESULTADOS
Al inicio del viaje Darwin se interesó principalmente por los factores geográficos como la formación de islas y substratos que conformaban los suelos; su conocimiento era sin duda principalmente sobre geología lo cual le permitía realizar explicaciones de los eventos que habían causado la conformación actual de los archipiélagos y costas. Al mismo tiempo no dejaba de sorprenderse por los distintos organismos que habitaban en las zonas que visitaba; es de este modo como Darwin inicia la recolección de algunos especímenes y se interesa por las estructuras y funciones de las especies. La zoología suramericana, de esta manera, hace parte de los intereses desarrollados por Darwin durante el viaje.
ESPECIES OBSERVADAS
Darwin hizo observaciones de todo tipo de animales durante el viaje (ver Tabla 2). Sin embargo, nuestro interés recae en aquellas especies sobre las que Darwin realiza algún tipo de alusión a conductas; es así como algunas clases fueron más comúnmente observadas que otras. Por ejemplo, la mayoría de las observaciones fueron acerca de aves. Esto no es del todo sorprendente. La distribución de las especies no es igual en las diversas regiones geográficas que visitó el Beagle; por ejemplo, mientras las observaciones de aves se distribuyen a lo largo de todo el viaje, las observaciones de moluscos y crustáceos se limitan a la región marítima tropical. Adicionalmente, algunas especies son más difíciles de observar que otras: por ejemplo, la observación de peces requiere de condiciones y equipos especiales, que no existían a principios del siglo XIX o no estaban a disposición de Darwin.
Un análisis sistemático de las observaciones (Figura 1) muestra que el grupo de especies más observado fue el philum de los Cordados (78%). Al interior de éste encontramos que el 46% de las observaciones corresponden a Aves, siendo esta la clase más observada por Darwin, entre las que se encuentran algunas endémicas como el ñandú y varias especies de papagayos; otras carroñeras como el buitre, el cóndor, el caracara y el chimango; algunas aves que habitan los pequeños lagos y charcas como el flamenco, diversas especies de búhos, colibríes, perdices y calandrias, entre muchas otras.
Las especies que conforman la clase de los Mamíferos corresponden al segundo grupo más referenciado por Darwin (22%). Encontramos referencias a algunos carnívoros como la foca, el zorro, el puma y el jaguar americano. Este orden alcanza el 5% de las observaciones animales durante el viaje y fueron realizadas principalmente en las costas suramericanas. Otro orden que fue observado por Darwin es el de los Artiodáctilos con un 8% del total de especies citadas y un 36% de los mamíferos, hacen parte de este orden: la llama, el guanaco, la vicuña, el ciervo y el toro entre otros. En menor proporción se encuentra la observación de otros mamíferos como Primates, Cetáceos (p.ej., delfines), Roedores (p.ej., ratas, ratones, el tucutuco), Perisodáctilos (p.ej., mulas y caballos), Quirópteros (p.ej., murciélagos), etc.
Corresponden también al philum de los Cordados los peces, anfibios y reptiles. La observación de peces alcanza apenas el 2%, al igual que los anfibios (p.ej., ranas y sapos). Los reptiles con el 6% de las especies fueron observados principalmente en el Archipiélago de las Galápagos. Allí fueron observadas más frecuentemente especies endémicas de iguanas y tortugas.
El philum de los Artrópodos conforma el 16% de las especies observadas entre los cuales encontramos moscas, avispas, mariposas, hormigas, arañas y cangrejos. La observación que hace Darwin de este grupo se caracteriza por un alto nivel descriptivo, pareciera que Darwin tenía un especial interés por estas especies, ya que las descripciones realizadas necesitaron de un agudo sentido de observación y de una alta inversión de tiempo. Ejemplo de ello se encuentra en la observación que hace sobre los escarabajos "Al estar tumbado de espalda, salta al echar hacia atrás la cabeza y el pecho, de tal forma que la espina pectoral se tiende y se apoya en el borde de su vaina... Devolviéndose como un resorte" (1845/1983, p. 42), sobre las arañas afirma:
Una bonita araña pequeña, con las patas delanteras muy largas y que parece pertenecer a un género no descrito vive parásito en casi todas esas telas. Se refiere a las telas de las Epeiras. Supongo que es demasiado insignificante para que la gran epeira se fije en ella; por tanto, le permite alimentarse de insectos pequeños que de otra manera no aprovecharían a nadie. Cuando esta arañita se asusta finge la muerte extendiendo las patas delanteras, o se deja caer fuera de la tela (1845/1983, p. 48).
En menor porcentaje hay referencias a otros philum como el grupo de los Vermes (agrupa a los gusanos), el philum de los Celenterados como los corales y el philum de los Moluscos como el pulpo. Finalmente otras especies conforman el 2% como algunos animales microscópicos que producen fosforescencia. Es conveniente aclarar que, aunque el número de descripciones que hace de estos animales es pequeño, sus descripciones son muy interesantes, pues coleccionaba un número reducido de ellos para luego en el barco realizar algunas disecciones.
NIVELES DE OBSERVACIÓN Y ANÁLISIS Y TIPOS DE CONDUCTAS
Se identificaron 6 niveles de observación (ver Figura 2):
1. Mención: Entendida como la forma más simple de observación y empleada por Darwin al referirse a especies apenas avistadas y/o referidas por otros viajeros o habitantes de los lugares visitados. Se incluyen así mismo aquellas conductas nombradas por Darwin al referirse a alguna especie. Este tipo de observación fue el segundo más empleado al alcanzar un 28% del total de las observaciones. Un ejemplo de mención es el siguiente: "… de vez en cuando se oye el grito quejumbroso de un papa-moscas de moño blanco (Myiobius albiceps) que se oculta en la copa de los árboles"(1845/1983, p. 281).
2. Descripción: Este método es empleado al referirse a algún tipo de conducta; una muestra de ello, refiriéndose a la facultad de inflarse del Diodon antennatus, Darwin afirma:
Si se le saca del agua algunos instantes, así que vuelve a echársele al agua absorbe una cantidad grandísima de agua y de aire por la boca y las branquias. Absorbe esta agua y este aire por dos medios diferentes: aspira por fuerza del aire, introduciéndolo en la cavidad de su cuerpo, y le impide por medio de una contracción muscular visible desde el exterior (1845/ 1983, p. 22).
Esta clase de observación fue la más utilizada (51%) por varias razones. Primero, el estudio científico del comportamiento aun no se había desarrollado en aquella época; segundo, el objetivo de Darwin era fundamentalmente servir como naturalista del barco y en esos años las funciones de un naturalista eran principalmente de descripción y recolección de especimenes; tercero, Darwin poseía conocimientos limitados de zoología por lo cual no aventuraba con frecuencia explicaciones o hipótesis sobre la función o mecanismos del comportamiento.
3. Comparación: Las comparaciones alcanzan un 11% de las observaciones; este método, sin ser el más utilizado, es sin embargo muy importante en el estudio del comportamiento ya que permite entender las bases comunes de la conducta en las diferentes especies. Así también, el uso de la comparación tanto de las estructuras anatómicas como de sus funciones, le permite a Darwin dar cuenta de los procesos evolutivos en las especies. El siguiente párrafo ilustra una comparación realizada por Darwin, refiriéndose a varias aves de Maldonado:
Hay allí varias especies de una familia que por su conformación y hábitos se aproxima mucho a nuestro estornino; una de estas especies (Molothrus niger) con frecuencia pueden verse varios de esos pájaros posados en el lomo de un caballo o vaca… esta ave deposita sus huevos en los nidos de otras, como lo hace el cucu. Hay otra especie de Molothrus en la américa del norte (Molothrus pecoris) que tiene esa misma costumbre (1845/1983, p. 66-67).
Es importante señalar que este tipo de observación parece ser el resultado del trabajo posterior al viaje y que las comparaciones fueron incluidas en las ediciones del libro sobre el viaje.
4. Explicación: Las explicaciones comportamentales (5%), hacen parte de formas más desarrolladas de observación, pues debe necesariamente cuestionarse por la función de la conducta; así también, para llegar a explicaciones se requiere de un mayor conocimiento de las especies y los mecanismos que subyacen a la conducta. Sin embargo es sorprendente encontrar explicaciones como las siguientes (refiriéndose al pulpo y su facultad para cambiar de color):
Si se examina más atentamente el color de estos animales se ve que son grises y tienen numerosas manchas diminutas de un color amarillento… éstas llamaradas de color… dícese que son producidas por la dilatación y contracción sucesiva de unas vesículas que contienen fluidos diversamente coloridos (1845/1983, p. 15-16).
5. Hipótesis: Las preguntas e hipótesis sobre las causas o función del comportamiento son el nivel menos empleado por Darwin, apenas alcanzan un 2%. Este porcentaje no es del todo sorprendente debido a que Darwin no era un experto en la observación de la conducta y para aquella época la función de la conducta no se estudiaba sistemáticamente. Refiriéndose a la alimentación del zorro Darwin infiere:
Un pequeño zorro es el único animal, además de los ya citados, que vemos en gran número; supongo que se alimenta de ratones y otros pequeños roedores que viven en cantidad considerable en los lugares desiertos en cuanto en ellos hay la menor vegetación (1845/1983, p. 422).
Darwin sugiere otras hipótesis cuando habla de los fósiles de grandes animales prehistóricos:
El toxodon, uno de los animales más extraños quizá que se hayan descubierto jamás. Por su tamaño, ese animal se parecía al elefante o al megaterio; pero la estructura de sus dientes según afirma Mr. Owen, prueba indudablemente que estaba muy próximo a los roedores, orden que hoy comprende los cuadrúpedos más pequeños; en bastantes puntos se asemejan también a los paquidermos: por ultimo (a juzgar por la posición de sus ojos, orejas y nariz), tenía probablemente costumbres acuáticas, como el dugongo y el manatí, a los cuales también se asemeja (1845/1983, p. 101).
6. Experimentación: Experimentos y protoexperimentos constituyen un 3% del total de las observaciones. La realización de experimentos por parte de Darwin es sorprendente, dadas las condiciones ambientales en que éstas experiencias se realizaron. Aunque los experimentos no alcanzan un nivel de rigurosidad estándar para la ciencia de hoy, Darwin ejercita algunos controles que dan valor a sus intentos experimentales. Considérese el siguiente experimento:
Acordándome de los experimentos de Mr. Audubon sobre el deficiente olfato de los buitres, hice en el jardín la siguiente prueba: envolví un pedazo de carne en papel blanco pasando por delante de ellos…eché el paquete como a un metro de un macho viejo; lo examinó un momento con la mayor atención y apartó la vista sin volver a ocuparse más de él. Se lo aproximé cada vez más, hasta que lo tocó con el pico, en un instante rasgó el papel a picotazos (1845/1983, p. 218).
Darwin también realizó algunos otros experimentos con luciérnagas y planarias. Refiriéndose a la capacidad de producción de luz de las Lampyris occidentales encontró que
Cuando se decapita al insecto, los anillos continúan brillando, pero la luz no es tan intensa como antes; una irritación local, hecha con la punta de la aguja, aumenta siempre la intensidad de la luz. En un caso que pude observar, los anillos conservaron su propiedad luminosa durante cerca de 24 horas después de la muerte del insecto. Estos hechos parecen probar que el animal solo posee la facultad de extinguir o esconder durante breves intervalos la luz que emiten; pero que, en todos los demás instantes, la emisión luminosa es involuntaria (1845/1983, p. 41-42).
Se hallaron alusiones a diferentes tipos de conductas; para su mayor comprensión éstas fueron agrupadas en las siguientes categorías (ver Figura 3):
1. Forrajeo: Dentro de esta categoría se encuentran las conductas relacionadas con la búsqueda, obtención y consumo de alimento. Las conductas de forrajeo alcanzan un 28% del total de los comportamientos identificados por Darwin. Cabe decir que fueron los más descritos; esto puede explicarse por ser comportamientos relativamente fáciles de observar. El 30% de las descripciones y el 31% correspondiente a las menciones son realizados para hacer alusión a esta conducta; Así mismo, el 50% de las hipótesis. En relación con el tipo de especie se halló que esta conducta fue mayormente observada en aves (32%) seguida en mamíferos (27%) e insectos con el 23% y en menor porcentaje en reptiles, gusanos y cefalópodos. Darwin al referirse a comportamientos alimentarios en las hormigas señala:
Vi enteramente negros de hormigas los árboles y las hojas. Aquella tropa, después de haber atravesado el terreno desnudo, dividiose y descendió a lo largo de un vetusto paredón; así consiguió envolver a algunos insectos, que hicieron pasmosos esfuerzos para liberarse de una terrible muerte (1845/1983, p. 46).
2. Defensa: Entendemos como parte de ésta categoría las conductas de escape, huida, agresión defensiva, mimetismo, etcétera. La conducta defensiva es observada predominantemente en aves y reptiles al aportar cada especie un 24% de las conductas relacionadas con mecanismos de defensa. Esta conducta se observó también en mamíferos (19%), peces (15%) y en menor cantidad en insectos y crustáceos. Referente a esta conducta es posible también afirmar que el 13% del total de los comportamientos observados son los referidos a los procesos de defensa y el método observacional predominante en ellos fue la descripción. Un ejemplo de conducta defensiva lo encontramos en la observación que hace Darwin sobre la Aplasia:
Cuando se le molesta emite un licor rojo purpúreo muy brillante, que tiñe el agua en un espacio de unos 30 cm en derredor de él. Además de este medio de defensa, el cuerpo está untado con una especie de secreción ácida, que en contacto con la piel produce una sensación de quemadura parecida a la ocasionada por la physalia o fragata (1845/1983, p. 15).
3. Locomoción: Esta conducta permite entender los patrones de movimiento y desplazamiento de las diferentes especies; el vuelo de las aves, el nado de los peces, el correr de algunos mamíferos, el "curioso" movimiento de los reptiles y anfibios etc. Este tipo de conductas fueron las segundas mas referidas por Darwin (24% del total de conductas observadas). En la descripción del movimiento de las tortugas de los galápagos Darwin afirma:
Cuando las tortugas se dirigen a un punto determinado, caminan día y noche y llegan al limite de su viaje mucho mas pronto de lo que podría creerse...yo he vigilado una tortuga grande y andaba 55 mt en 10 minutos, lo que hace 330 mt por hora o sea, seis y medio kilómetros por día (1845/1983, p. 450).
Los movimientos de las aves excitaban la capacidad de observación de Darwin, el 40% del total de los comportamientos referidos a las diferentes especies de aves hacen alusión a patrones de movimiento; así mismo, en anfibios y reptiles ésta conducta fue la que con mayor frecuencia se presentó.
4. Comunicación: Hacen parte de esta categoría los diferentes sonidos, gestos y estímulos químicos emitidos por las distintas especies, como por ejemplo el canto de las aves. Refiriéndose a la calandria Darwin afirma:
Esta ave deja oír un canto superior al de las demás aves del país, y también es casi la única de América del Sur a quien he visto encaramarse para cantar. Puede compararse este canto al de la Silvia o curruca, solo que es más potente; algunas notas duras y muy altas se mezclan con un gorjeo muy agradable (1845/1983, p. 69).
Las conductas relacionadas con la comunicación se hallan primordialmente en aves y el tipo de observación empleado es principalmente la descripción de su canto. Este conforma el 70% de las conductas relacionadas con la comunicación; el 30% restante se encuentra distribuido entre los reptiles con el 12% y los mamíferos, insectos y peces con el 6% cada uno.
5. Reproducción: Por conductas de tipo reproductivo encontramos el registro de épocas de apareamiento, anidación y respuestas maternas. Excepto algunas pocas menciones en insectos, reptiles y peces, el registro de conductas relacionadas con la reproducción se centra en las aves, aportando el 77% del total de las conductas de este tipo. Una situación que fue normalmente referida por Darwin fue la topografía de la conducta de anidación y su comparación entre distintas especies; como lo hace entre el Cucu y el Ñandú o avestruz suramericano, al explicar la conducta de colocar sus huevos en los nidos de otras especies "aprovechando" el calor y alimento suministrado por las otras aves (1845/1983, p. 67-68).
El 11% de las conductas relacionadas a lo largo del viaje hacen referencia a respuestas de carácter reproductivo. Conductas de tipo copulatorio no se encuentran registradas por Darwin, hecho que no es difícil de entender, debido que para observar esta conducta es necesario emplear una gran cantidad de tiempo, además de estar presente en las épocas de apareamiento que sólo ocurren durante ciertos periodos del año.
6. Conducta Social: La vida en grupos y las respuestas relacionadas en esta interacción, solo conforman el 8% de los comportamientos observados por Darwin. El tipo de observación que realiza de estas conductas es predominantemente la mención ya que no ahonda en explicaciones ni descripciones de respuestas sociales. Sin embargo, se encuentran observaciones muy interesantes de este tipo de comportamientos en varias especies de insectos y arácnidos. Refiriéndose a alguna especie de Epeira Darwin afirma:
Es un hecho singular que arañas normalmente solitarias vivan en sociedad…Hallé muchas arañas gruesas, negras, con manchas rojas en el dorso; éstas arañas viven en bandadas. Las telas están puestas verticalmente…están separadas unas de otras por el espacio de unos 60 cm, pero unidas todas a ciertas líneas comunes en extremo largas y que se extienden a todas las partes de la comunidad (1845/1983, p. 49).
7. Otras conductas: Finalmente hay algunas conductas especificas de algún tipo de especie que son apenas nombradas superficialmente por Darwin. Dentro de estas respuestas esta la olfación, la construcción de telarañas y las repuestas relacionadas con los ritmos biológicos.
CARACTERÍSTICAS DE LAS OBSERVACIONES
Las observaciones de Darwin se caracterizan por el uso de un lenguaje coloquial, poco técnico y a veces emotivo. Por ejemplo, hablando de las islas Chono y Chiloé, Darwin afirma:
Doblando una punta de la isla, desembarcaron dos oficiales para medir ángulos con el teodolito. Sentado sobre una roca había un zorro (Canis fulvipe) de un tipo que se dice que es propio en esta isla, hasta en la cual es muy raro. Era joven y estaba tan absorto en la contemplación de los dos oficiales, que pude caminar lento hasta él y darle en la cabeza con el martillo de geólogo. Este zorro, más curioso o mas amigo de las ciencias, pero menos sagaz que la mayoría de sus hermanos, se encuentra hoy en el museo de la sociedad zoológica (1845/1983, p. 332).
Otro ejemplo, al describir las iguanas de las Galápagos, que llama lagartos, afirma: "es un animal horrible, de color negro, sucio; parece estúpido y sus movimientos son muy lentos..."(Darwin, 1845/1983, p. 452). Apela a las denominaciones populares y técnicas para identificar a los animales. Unas veces usa el género, otras la especie y en otras ocasiones ambos. En ocasiones, cuando describe el comportamiento de animales se basa en tradiciones populares, advirtiendo que él no ha sido testigo directo de los hechos. Refiriéndose al pájaro "tapaculo" (Ptoroptochos albículis) afirma, por ejemplo: "Los campesinos nos dicen que cambia de canto 5 veces al año, según las estaciones, creo que será" (1845/1983, p. 321); con respecto al puma: "se asegura que cuando un puma ha sido descubierto y perseguido por esa vigilancia de su presa, pierde por completo y para siempre tal costumbre"(1845/1983, p. 319). Finalmente, son frecuentes las referencias a varios científicos de la época, con el fin de confirmar, refutar, o explicar las características del animal, por ejemplo, hay múltiples referencias a Cuvier, Lineo, Azara, Sloane, Reid, Owen, Liesk y otros.
DISCUSIÓN
Afirmar que la observación del comportamiento de diversas especies en el viaje del Beagle le permitió posteriormente a Darwin la elaboración de la teoría de la evolución por selección natural, sería riesgoso. Darwin observó y describió la conducta sin referirse a ninguna teoría general, intencionalmente o no; aunque sí fueron varias las áreas de la ciencia natural que cuestionaron sus ideas iniciales sobre los centros de creación, así mismo, hay una referencia a Lamarck al observar un ejemplo que podría ser explicado por la herencia de caracteres adquiridos, según afirma Darwin (1845/1983, p. 64-65). Sin embargo, las observaciones conductuales no incluyen referencias de tipo evolucionista, a lo largo del manuscrito. El marco conceptual de Darwin es parcial según se puede inferir de su diario, y lo aplica sólo en algunos aspectos de lo que observó y cuando se lo plantea para sí, por ejemplo, la fijeza de las especies o los puntos de creación. Claramente Darwin no era evolucionista en ese momento. Sin embargo, el viaje al Nuevo Mundo y las observaciones que hizo en éste sobre la flora, la fauna, las características geológicas y la distribución de los organismos en las distintas regiones geográficas del continente, constituyeron posteriormente la materia y la razón de la teoría darwiniana de la evolución (Browne, 2007).
Las ediciones modernas del diario no permiten comprender con certeza, qué contenidos hacen parte de las observaciones y registros a bordo del barco y cuales pudieron ser aumentados, corregidos o editados en las publicaciones de 1840 y 1845. Algunas descripciones son amplias y muy detalladas; otras, al contrario, aluden a características bastante generales. Sin embargo, las observaciones contenidas en estas ediciones del diario hacen de éste un escrito serio, objetivo y científico, tomado en su conjunto; sin embargo, no representa ninguna prueba o aseveración a favor de alguna doctrina o teoría en particular, ni representa el pensamiento científico de Darwin. Sin embargo, sí constituye la base material de la teoría darwiniana de la evolución.
Así mismo, en los datos hallados en la presente investigación se muestra que Darwin al comienzo del viaje no tenía un interés particular por la observación de la conducta en las distintas especies animales, sino que a medida que transcurría el tiempo y que los lugares y especies con las que Darwin realizaba contacto, estimulaban su curiosidad, fue constituyéndose la conducta en tema de sus descripciones. La conducta de los organismos complementó las descripciones Zoológicas y Biogeográficas, lo que acrecentó en Darwin la capacidad de observación haciendo que se cuestionara por la función de algunas estructuras anatómicas y en último término por la función de la conducta observada.
Es importante señalar que las observaciones conductuales de Darwin en el Beagle no están acompañadas de teorías explicatorias del comportamiento. En esto hay una diferencia fundamental con las observaciones geológicas, que fueron fundamentadas en teorías existentes del origen y cambios geológicos, que Darwin manejaba adecuadamente.
Hace uso de diferentes formas de observación (mención, descripción, comparación, explicación, hipótesis y experimentación) para referirse a algunas conductas lo cual va a constituir un antecedente para la psicología y en especial para la Psicología Comparada. Es de resaltar, que realiza comparaciones entre especies en términos de anatomía y comportamiento. Dichas comparaciones son realizadas entre especies de lugares geográficos distintos, lo que podría ser un antecedente que va a constituir la base de la comprensión del origen de las especies.
La gran cantidad de datos recogidos por Darwin, al contrario de ser prueba concluyente de la existencia de diferentes centros de creación, generan en él algunos interrogantes que originaran su trabajo posterior en Inglaterra. Es en este sentido que los hallazgos en zoología, biogeografía y conducta se constituirán en la base para la constitución de sus postulados evolutivos.
Este trabajo constituye sin duda un primer paso en la búsqueda de la importancia que tuvo para Darwin la observación de la conducta. Sin embargo, futuras investigaciones permitirían continuar resolviendo nuestra pregunta inicial, pues no sabemos en qué medida la interacción existente entre las observaciones conductuales, zoológicas y biogeográficas determinaron la formación de la teoría evolutiva de Darwin; así mismo, las descripciones de los lugares son muy detalladas. Podría estudiarse también cómo determinan las distintas condiciones ambientales la aparición o ejecución de algunos patrones de comportamiento.
Los datos demuestran cómo el interés por el comportamiento no fue un hecho aislado ni obedeció a observaciones desinteresadas porque son 97 especies animales diferentes a las que Darwin realiza alguna forma de observación conductual, y de las cuales identifica 157 alusiones a patrones de comportamiento. Además se observa que las formas más simples de observación (mención, descripción) y las que necesariamente se realizaban en el contexto específico (experimentación) fueron efectuadas durante el viaje; al contrario, las comparaciones, explicaciones e hipótesis conductuales hacen parte de trabajos posteriores al viaje, lo que demuestra que el interés por la conducta trascendió las observaciones durante el viaje.
La observación de la conducta realizada por Darwin ha sido un tema casi olvidado o no tenido en cuenta al realizar revisiones históricas y científicas sobre sus escritos. En los últimos años se han retomado los principios darwinistas al interior de las diferentes áreas de la psicología como en psicología del desarrollo (Surbey, 1998), psicología evolutiva (Masterton, 1998) y comportamiento animal (Houck & Drickamer, 1996). De la misma manera han surgido nuevas aproximaciones y revisiones a la teoría evolutiva y su influencia para la psicología (Quiroga, 1995). Parece ser que el interés principal por los escritos de Darwin se ha centrado en la contribución de sus ideas y postulados generales como sustento a antiguos y nuevos debates, como por ejemplo: la existencia de la mente, al aceptar Darwin la existencia material de órganos mentales (ver García, 1996)
En síntesis, el estudio y revisión detallada de los escritos de Charles Darwin pueden contribuir a distinguir cómo la conducta está determinada por mecanismos evolutivos en la medida que es necesario que los organismos ejecuten algunos patrones de conducta que les permite sobrevivir y reproducirse. Un primer paso es comenzar por realizar una aproximación histórico-conceptual de los escritos de Darwin desde la psicología.
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1Trabajo realizado con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad Nacional de Colombia.
2Correspondencia: Aristóbulo Pérez, Departamento de Psicología, Universidad Nacional de Colombia, Ciudad Universitaria, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: aperezgo41@hotmail.com, Germán Gutiérrez, Correo electrónico: gagutierrezd@unal.edu.co, Alejandro Segura, Correo electrónico: asegurab@unal.edu.co.
2009 Fundación Universitaria Konrad Lorenz
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Universidad Nacional de Colombia
RESUMEN
Si bien la obra de Darwin ha sido analizada en detalle por historiadores de la ciencia, el papel de la conducta en el desarrollo de la teoría de la evolución no ha sido suficientemente abordado en este tipo de estudios. En este estudio se extraen, describen y analizan las observaciones de comportamiento realizadas por Darwin en El viaje del Beagle. Se presenta el contexto del viaje y se describe la ruta, objetivos y características del mismo. Se lleva a cabo una clasificación de los diferentes tipos de observación y los diferentes tipos de comportamiento de múltiples especies presentadas por Darwin.
El viaje del Beagle ha sido con mucho el acontecimiento más importante de mi vida, y ha determinado toda mi carrera.
Considero que todo lo que he aprendido de valor ha sido de modo autodidacta.
Siempre he sentido que debí al viaje (del Beagle) la primera verdadera formación de mi mente. Fui estimulado a observar de cerca varias ramas de la historia natural, y de este modo mejoró mi capacidad de observación, aunque estaba bastante desarrollada.
(Darwin, 1993, p. 42-43)
INTRODUCCIÓN
L
a teoría de la evolución planteada por Charles Darwin es la teoría unificadora de las ciencias de la vida (Maynard-Smith, 1993). Las ideas de Darwin influenciaron en forma radical numerosas áreas del conocimiento y el impacto de su pensamiento se observó más claramente al superarse el "Eclipse del Darwinismo", periodo de finales del siglo XIX, en que se dio un ataque a los postulados evolucionistas de Darwin por amplios sectores de la ciencia y la religión (Bowler, 1985). Este periodo de controversia llegó a su fin en las primeras décadas del siglo XX al organizarse el nivel de explicación biológico sobre las bases de la teoría evolutiva de Darwin y la teoría genética de Mendel, conocida como la "Síntesis Moderna". De allí en adelante el interés de los investigadores, se ha centrado predominantemente en el valor científico de la teoría evolutiva de Darwin y el cambio producido por ésta al pensamiento científico moderno (Bowler, 1989). El estudio de la obra de Darwin se ha convertido en las últimas décadas en un área con cuerpo propio en la historia de la ciencia.
La influencia del pensamiento de Darwin llega a la Psicología por lo menos en dos vertientes: La primera, que se presenta en The Expresión of the Emotions in Man and Animals (La Expresión de las Emociones en el Hombre y los Animales) (Darwin, 1872/1965) que es complementada con los tratados sobre el comportamiento de las plantas (Darwin, 1876) y el comportamiento de las lombrices (Darwin, 1881), versa sobre los mecanismos subyacentes de los fenómenos de conducta, por lo que se ha denominado Psicología Evolucionista. De esta categorización de los escritos de Darwin nos limitaremos al tema comportamental de la fauna registrado durante el viaje. La segunda, es la aproximación al estudio del comportamiento animal, desde lo que conocemos como Psicología Comparada, la cual se apoya en la teoría evolutiva al establecer una continuidad en los procesos o mecanismos que dirigen el comportamiento en diferentes niveles de la escala filogenética (Dewsbury, 1978). Además, enfatiza en la pertinencia de realizar estudios empíricos de los cambios ocurridos en el comportamiento por la influencia del ambiente, de donde se desprende que organismos que comparten presiones ambientales similares presentan patrones de conducta similares (analogía) y, organismos que provienen de un ancestro común comparten estructuras similares y poseen la capacidad de presentar conductas similares para resolver problemas adaptativos (homología) (Papini, 2002).
La influencia de los postulados evolutivos ha sido empleada por la psicología para dar una mayor consistencia a sus postulados teóricos y también han sido la base para dirigir y validar el estudio empírico de la conducta. En síntesis, se reconoce claramente la influencia de Darwin en el estudio científico de la conducta, pero conocemos muy parcialmente la influencia que la observación de la conducta generó, en los estudios científicos de Darwin; muestra de ello es el estudio que realiza de las costumbres en varias especies y que plasma en El Origen del Hombre (Darwin, 1871/1953). Sin embargo, no se han realizado estudios detallados que permitan comprender cuál fue el papel de la identificación de los comportamientos de las diferentes especies observadas por Darwin, en la elaboración de su teoría evolutiva. En diversos escritos, Darwin plantea ejemplos conductuales para apoyar sus ideas sobre la selección natural, la selección sexual y sus mecanismos. ¿De dónde surgieron dichos ejemplos? ¿Qué influencia tuvo el viaje a bordo del Beagle en las ideas sobre la evolución del comportamiento?
Estas preguntas son amplias y de difícil contrastación; sin embargo, un punto de partida es saber qué significó el viaje a bordo del Beagle, para Darwin y para la ciencia. Con base en ello nos proponemos presentar un estudio sobre las observaciones que el naturalista inglés realizó sobre la conducta de los animales y que fueron consignadas en las anotaciones a bordo del barco y posteriormente complementadas en Londres. Revisar El Diario del Viaje del Beagle es entonces, una tarea necesaria para la comprensión del pensamiento de Darwin y del papel que la observación de la conducta jugó en la formación de su pensamiento.
En el presente estudio, nos planteamos los siguientes objetivos: Primero, identificar los pasajes descriptivos sobre el comportamiento animal consignados en el escrito. Segundo, ordenar y clasificar las observaciones sobre el comportamiento animal. Tercero, clasificar la modalidad observacional en menciones, descripciones, comparaciones, explicaciones, hipótesis y experimentos. Cuarto, clasificar las conductas de acuerdo con patrones conductuales en forrajeo, defensa, locomoción, comunicación, reproducción y conducta social.
Para contextualizar el tema, es necesario describir primero las características del viaje y luego las anotaciones del Diario en el que están consignadas las observaciones conductuales.
EL VIAJE DEL BEAGLE
El viaje del barco H.M.S. Beagle se inició el 27 de diciembre de 1831 en el puerto de Devonport, dique naval de Plymouth (Inglaterra) y se terminó el 22 de octubre de 1836 en el puerto de Falmouth. Un viaje planeado para dos o tres años, empleó cinco. El viaje del Beagle, al mando del capitán Robert FitzRoy, un miembro de la aristocracia inglesa, tenía dos misiones: primero, continuar con los trabajos cartográficos de la costa suramericana, y segundo, conseguir una determinación más precisa de la longitud terrestre mediante una serie de cálculos cronométricos alrededor del mundo (Nichols, 2003).
Darwin fue aceptado como naturalista del barco, cargo que tomó con entusiasmo, y que le llevaría a recorrer un mundo por completo desconocido para él. Sus funciones consistían en recolectar muestras de plantas y animales, observar y registrar la mayor parte de los detalles de los pájaros, los paisajes, los nativos, el polvo, las plantas. Dice Darwin:
Consagraba parte del día a escribir mi diario y ponía especial cuidado en describir minuciosa y vivamente todo lo que había visto; esto fue una buena práctica. Parte de mi diario sirvió también para mi correspondencia con casa, que enviaba a Inglaterra en cuanto se prestaba la oportunidad (Darwin, 1993, p.44).
Durante el viaje el barco atracó en cerca de 41 puertos principales; entre ellos, las Islas Canarias, Cabo Verde y Saint Paul, Sao Paulo y Río de Janeiro, Uruguay, Buenos Aires, Bahía Blanca, Patagonia, Tierra de Fuego, Estrecho de Magallanes, Chonos, Chiloé, Concepción, Islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda y Australia. En varias partes donde desembarcaron, Darwin aprovechaba para viajar por la comarca, realizando cerca de once excursiones, unas cortas a pie y otras de varios días a caballo.
Al inicio del viaje, Darwin experimentó malestares propios de un viaje en barco, pero que fueron más intensos de lo esperado por él. Sin embargo, poco a poco, dichos malestares fueron cediendo y le dieron la posibilidad de explorar y cumplir su labor como naturalista del barco (Moorehead, 1980). Los paisajes tropicales le sorprendieron y maravillaron. Todo le parecía majestuoso: la selva ecuatorial, el tamaño de los árboles, las mariposas de colores metálicos, las ballenas, los delfines juguetones, los pingüinos, los insectos, las hormigas legionarias, las aves de vistosos colores, los nativos y sus costumbres, el paisaje. Escribió a su familia: "Podía contemplar sin dificultad bosques, flores, pájaros, y la satisfacción de observarlos era infinita". "Los árboles eran grandiosos y extraordinarios en comparación con los de Europa debido a la blancura de sus troncos" (Moorehead, 1980, p. 42-43).
El capitán FitzRoy abrigaba muchas esperanzas con respecto a Darwin. Suponía que un naturalista podía hallar pruebas a favor de las afirmaciones bíblicas, en particular, pruebas del diluvio universal y de la creación de los seres. Darwin, por su parte, estaba de acuerdo y esperaba ser muy útil en este sentido (Nichols, 2003). Darwin pudo percatarse durante el viaje, de que a la par con lo maravilloso del paisaje, de su fauna y flora, existía una amenaza permanente de parte de los habitantes, animales y humanos. Presenció la lucha tenaz de la avispa del género Pepsis con la araña del género Lycosa; contempló la marcha de las hormigas legionarias que formaban una hilera de unos 90 metros de largo, que arrollaba con cuanto insecto, araña o lagarto se cruzara por su sendero; observó las técnicas de la araña Epeira para atrapar sus presas. También pudo notar que para predador y presa la apariencia disfrazada les era necesaria para so
brevivir. Entre los humanos presenció la brutal esclavitud existente en el Brasil. Esta práctica que también era frecuente en algunos países europeos, le provocó a Darwin este comentario: "Hace hervir la sangre, estremecer el corazón, pensar que nosotros los ingleses y nuestros descendientes americanos, con nuestra hipócrita exaltación de la libertad, hayamos sido y seamos tan criminales" (Moorehead, 1980, p. 44).
En algunas ocasiones, Darwin planeaba y ejecutaba experimentos o practicaba la disección. Darwin colectaba toda clase de organismos, animales y vegetales, y se los enviaba a su amigo Henslow a Inglaterra cada cierto tiempo. Unos en frascos con alcohol y otros envueltos en papel o estopa dentro de guacales. Mientras el capitán FitzRoy se dedicaba a realizar sus mediciones cartográficas en las costas, Darwin aprovechaba el tiempo en planear y ejecutar excursiones a lugares de interés. Así fue como en Punta Alta y en la Patagonia, Darwin encontró 9 restos fósiles de animales gigantes extinguidos: tres cabezas y huesos de Megatherium; un Megalonyx; un esqueleto casi completo de Scelidotherium, que debió ser tan grande como un rinoceronte; un Mylodon Darwinii, un poco menor que el anterior; un desdentado gigantesco; una caparazón de un animal gigantesco muy parecido al armadillo; una especie extinta de caballo; un diente de un paquidermo, el Macrauchenia, notable cuadrúpedo tan grande como un camello; un Toxodon, uno de los animales más extraños que se hayan descubierto jamás, parecido al elefante (Darwin, 1845/1983, ver capítulos V y VI).
¿Qué circunstancias llevaron a los cambios en la zoología de América? ¿Cuáles pudieron ser las causas de su extinción? Fueron estas unas de las preguntas que inquietaron a Darwin: "Eso es lo que nadie ha podido determinar aún", decía; "Nos vemos pues, obligados a deducir que la abundancia o la escasez de una especie cualquiera, quedan determinadas por causas que escapan de ordinario a nuestros medios de apreciación". Pero Darwin se dio perfecta cuenta de que los fósiles gigantescos eran animales que, aunque ya extinguidos, se parecían extraordinariamente a sus equivalentes actuales. Por ejemplo, las similitudes entre el macrauchenia y el guanaco; entre el toxodon y el capibara; entre los desdentados fósiles y los perezosos; entre los hormigueros fósiles y los armadillos actuales.
En cada región que recorría, Darwin buscaba con afán la posibilidad de observar, describir, y si era posible, recolectar la especie encontrada. Así, describió a los guanacos, al cóndor de los Andes, al puma, al ganado vacuno de una raza muy conspicua, a zorros, a pingüinos y a ocas; avestruces, arañas y lagartos (iguanas) de las Galápagos, lo mismo que los pinzones que llevan su nombre y las tortugas, además de otra cantidad de organismos.
"En lo que puedo juzgar respecto de mi mismo, trabajé al máximo durante la travesía por el mero placer de investigar y guiado por mi firme deseo de añadir algo más a la gran masa de datos con que cuenta la ciencia natural"(Darwin, 1993, p. 47).
A largo de la travesía, Darwin fue buen compañero con todos los de la tripulación del Beagle. El teniente Sullivan decía:
"Puedo afirmar con toda seguridad mi convencimiento de que, durante los cinco años que pasamos en el Beagle, nunca se supo que Darwin estuviera de mal humor o que dirigiera una palabra hiriente o impaciente a nadie...esto, junto con la admiración que sentíamos por su energía y talento, nos llevó a ponerle el apodo de El querido viejo filósofo (Moorehead, 1980, p. 32).
La actividad diaria en el barco tenía una rutina general para todos. El desayuno a las ocho; luego, las actividades de oficio de cada quien. Darwin clasificaba, diseccionaba o tomaba notas. El almuerzo, a la una de la tarde: arroz, legumbres, pan y agua. Estaba prohibido consumir licores. La cena a las cinco de la tarde: carne y alimentos contra el escorbuto (ciruelas secas, jugo de limón). Una charla entre los oficiales remataba el día. Los domingos, el capitán FitzRoy oficiaba un acto religioso que consistía en la lectura de pasajes bíblicos (Moorehead, 1980, p. 30 y 55).
A Darwin le colaboraban algunos amigos de la misma tripulación. Por ejemplo, Sims Covington le ayudaba a recolectar, desollar y disecar los animales capturados, oficio que aprendió del mismo Darwin. Augusto Earle, dibujante excepcional, se encargaba de pintar los paisajes, las ciudades y los especímenes que Darwin recolectaba; congeniaron mucho, pues compartían el mismo entusiasmo por la naturaleza.
EL DIARIO DEL VIAJE
Jastrow (1993) afirma que los libros de Darwin son frecuentemente citados, comentados, criticados, pero poco leídos. La afirmación anterior es probablemente cierta y es posible que el Viaje del Beagle haga parte de esa lista de grandes obras leídas por muy pocos, a pesar de ser "un libro de viajes muy ameno", como lo califica Mayr (1992).
Este escrito ha recibido varias denominaciones. Darwin hizo sus anotaciones, unas cortas y otras extensas, a bordo del barco y durante sus excursiones que se convirtieron en su Diario. En un carta dirigida al Profesor Henslow y fechada el 24 de Julio de 1834, Darwin señalaba que sus notas ya completaban unas 600 páginas. ¡Aún faltaban más de dos años de su travesía! (Burkhardt, 1998). Durante los siguientes años después del regreso a Londres, organizó sus anotaciones, las complementó y publicó en un triple volumen, bajo el nombre de Journal of the Voyage of Beagle, junto con un libro de memorias del capitán FitzRoy y otro libro del capitán King, comandante del Adventure, navío compañero del Beagle en una parte de su travesía (FitzRoy, King & Darwin, 1839). Los tres libros de esta publicación no recibieron la misma atención de parte del público. Mientras el volumen de Darwin fue aceptado por el público y reeditado rápidamente en 1840 con el nombre de Naturalist's Voyage (Viaje de un naturalista), los libros de King y Fitzroy no recibieron la misma atención (Gutiérrez, 2006). Con base en el título del triple volumen, han aparecido varias traducciones a otros idiomas, entre ellos el español. Con el éxito en las ventas que tuvo la primera edición, John Murray compró la propiedad literaria por 150 libras esterlinas y lo publicó en 1845. Las dos ediciones (1840 y 1845) difieren en su contenido (Ver tabla 1).
La edición de 1845 duplica a la de 1840 en el número de capítulos y además contiene muchas referencias a varios científicos de la época, discusiones y aclaraciones y, desde luego, incluye descripciones geológicas que no figuraban en la primera edición. Pero también se eliminan pasajes. "En esta nueva edición, explica Darwin, he acortado considerablemente algunas partes, y en cambio, he extendido otras, a fin de hacer la obra más accesible a todos los lectores"(1845/1909, Prólogo).
Los escritos de Darwin han sido catalogados en seis temas principales: Historia natural, Geología, Zoología, Evolución, Botánica y Psicología (Ghiselin, 1983). Para propósitos de este estudio interesa básicamente el de historia natural que Darwin desarrolló durante el viaje del Beagle, coleccionando gran cantidad de especimenes zoológicos y botánicos y describiendo los comportamientos de los animales más representativos de las comarcas visitadas. Darwin no teoriza (o lo hace muy poco) sobre los temas comportamentales, sobre la flora o la fauna, pero se establece el comienzo del desarrollo científico de Darwin, así éste no intentara recoger pruebas a favor de alguna teoría en particular. Darwin se vio muy influenciado por lo que observó durante el viaje. En sus palabras, el viaje le valió "la primera verdadera formación o educación de mi mente" (1993, p. 42-43).
ESTUDIOS SOBRE EL DIARIO DEL VIAJE
Los intereses y esfuerzos de Darwin por el estudio de la conducta no son muy conocidos. Son pocas las referencias a descripciones, análisis y explicaciones de la conducta hechas por Darwin en su Diario del Viaje. Tanto las descripciones conductuales de su Diario como las que plantea en La expresión de las emociones en el hombre y los animales han recibido poca atención y estudio, y en ocasiones se les han criticado como si fueran un conjunto desordenado de observaciones hecho por las aficiones casuales de un naturalista en un fin de semana (por ejemplo, Beer, 1963; Irvine, 1955, citados por Ghiselin, 1983, p. 211-212). Sin embargo, se encuentran estudios más atentos sobre los escritos del Diario a bordo y las ediciones posteriores (Barlow, 1946).
Uno de ellos, es el trabajo de Armstrong (1993) en que el autor presenta apartes del Viaje del Beagle y a través de ellos señala algunos elementos comunes que sugieren antecedentes del desarrollo del pensamiento de Darwin, en términos de método, relaciones funcionales y explicación de la conducta. Primero, resalta el uso temprano de Darwin de una estrategia comparativa, que vincula observaciones de especies de Suramérica y especies relacionadas de otras regiones del mismo continente o de Europa. Segundo, presenta ejemplos en los que Darwin buscaba establecer una relación entre la conducta de una especie y características de su hábitat. Tercero, señala que los niveles de explicación preferidos por Darwin en su primer libro son el nivel descriptivo y el analítico. La estrategia de Armstrong, y la de otros autores, sin embargo, se ha basado en una selección de citas del Viaje del Beagle para a partir de allí sacar algunas conclusiones sobre la forma de trabajo, supuestos, tipos de explicación y papel asignado a la conducta en la vida natural de las especies encontradas en el viaje. Una estrategia más sistemática de análisis de los escritos de Darwin sobre el viaje no ha sido realizada.
MARCO CONCEPTUAL DE DARWIN DURANTE EL VIAJE
Parece ser que antes del viaje y durante éste, Darwin se dedicó a la lectura de algunos libros que le prepararon, unos anímicamente y otros conceptualmente, a enfrentar los sucesos del viaje. Entre estos libros se encuentran Travels de Burchell, Travels in South America de Caldclough, Principles of Geology de Lyell, La Biblia, unos libros en español (probablemente los escritos de Felix de Azara). Añade Darwin:
Durante mi último año en Cambridge, leí con atención y profundo interés Personal Narrative (Relato Intimo)de Humboldt. Esta obra y la Introduction to the Study of Natural Philosophy (Introducción al estudio de la filosofía natural)de sir J. Herschel suscitaron en mi un ardiente deseo de aportar aunque fuera la más humilde contribución a la noble estructura de la ciencia natural(Darwin, 1993, p. 36).
Estas y otras lecturas influyeron en Darwin a modo de marco de referencia conceptual, dentro del que observaba e interpretaba los hechos tanto de comportamiento como de los demás temas de su interés. En el Diario, por ejemplo, sigue el modelo de los escritos de Humboldt. Cuando Darwin trata de explicar la extinción de los animales gigantescos fósiles apela a los Principles of Geology de Lyell, y lo hace con frecuencia en las descripciones geológicas. Durante el viaje, Darwin creía en la "fijeza de las especies" y en el "uniformismo" geológico, como Lyell. Darwin llegó a afirmar:"Nunca olvido que casi todo lo que he hecho en ciencia se lo debo al estudio de sus grandes obras"(Ghiselin, 1983, p.29). La Biblia, por su parte, era para Darwin un punto de referencia necesario y útil. En su Autobiografía afirma que "no dudaba en absoluto de la verdad estricta y literal de cada palabra de la Biblia" (p.25). Y a bordo del Beagle recibió burlas y risas de parte de varios oficiales al citarles la Biblia como autoridad moral (Ver Mayr, 1992, p. 26).
Resta por indicar un conjunto conceptual que fue utilizado por Darwin durante el viaje: "el creacionismo". Esta doctrina suponía que el universo había sido creado por un acto divino, pero no en un solo lugar, sino en varios. En sus actividades como naturalista, Darwin desarrolló la Biogeografía, a la manera tradicional, es decir, alrededor de la idea de los "centros de creación" y dándole algún tratamiento ecológico similar al de Humboldt. Consistía en estudiar cómo están distribuidas las especies, tanto vegetales como animales, en las diferentes áreas del planeta. Darwin siempre se planteaba ese interrogante en sus observaciones. Su anhelo era identificar los "centros de creación", pero no le interesaban los mecanismos de formación de las especies. En ese momento, Darwin era un creacionista y no un evolucionista.
En el capítulo sobre las islas de las Galápagos (Darwin, 1840/1972, cap.10), Darwin se expresa así:
A la vista de todo lo que ha podido observarse en este archipiélago, resulta verdaderamente asombrosa la gran cantidad de fuerza creadora, valga la expresión, evidenciada por estas pequeñas islas, rocosas y estériles. Y todavía resultan más sorprendentes los diferentes efectos, aunque análogos, que esta fuerza creadora ha producido en puntos tan cercanos.
Según Barlow (1946), Darwin expresó esta afirmación en su Diario (p. 236), hablando de la región cercana a Valparaiso: "No parece muy improbable conjeturar que la falta de animales se puede deber a que no se ha creado ninguno después de que este país saliera del mar" (En Ghiselin, 1983, p. 52). El desarrollo de la biogeografía hecho por Darwin, dentro del marco conceptual que manejaba, fue, no obstante, el que más tarde le sirvió para plantear y argumentar el proceso de la evolución de las especies (Ghiselin, 1983, p. 47 y sig.).
MÉTODO
Fuentes
Para los propósitos de este estudio se ha utilizado la edición de 1840, traducción española "Viaje de un naturalista" (1972). Se utilizó la edición de 1845, traducción española, "Viaje del Beagle" (1983). Otra fuente fue la edición en ingles ""The Voyage of the Beagle" (1909) correspondiente a la de 1845. Estas dos últimas son equivalentes. Se hace uso de la denominación El diario para las referencias al escrito de Darwin durante el viaje y sus ediciones posteriores porque el mismo Darwin las denomina así, y en el prólogo de la edición de 1845 dice que "Este volumen contiene, en forma de Diario, la historia de nuestro viaje y algunas breves observaciones acerca de la historia natural...".
PROCEDIMIENTO
Mediante la lectura sistemática del libro "El viaje del Beagle" se identificaron los pasajes descriptivos en los que Darwin hace referencia al comportamiento de especies animales. Posteriormente, estas observaciones conductuales fueron ordenadas y clasificadas por especie identificando el nivel observacional y el tipo de análisis que Darwin empleó: mención, descripción, explicación, hipótesis y experimentación. Finalmente se distinguieron las conductas (forrajeo, defensa, locomoción, comunicación, reproducción y conducta social), que Darwin observó en su viaje a bordo del Beagle.
RESULTADOS
Al inicio del viaje Darwin se interesó principalmente por los factores geográficos como la formación de islas y substratos que conformaban los suelos; su conocimiento era sin duda principalmente sobre geología lo cual le permitía realizar explicaciones de los eventos que habían causado la conformación actual de los archipiélagos y costas. Al mismo tiempo no dejaba de sorprenderse por los distintos organismos que habitaban en las zonas que visitaba; es de este modo como Darwin inicia la recolección de algunos especímenes y se interesa por las estructuras y funciones de las especies. La zoología suramericana, de esta manera, hace parte de los intereses desarrollados por Darwin durante el viaje.
ESPECIES OBSERVADAS
Darwin hizo observaciones de todo tipo de animales durante el viaje (ver Tabla 2). Sin embargo, nuestro interés recae en aquellas especies sobre las que Darwin realiza algún tipo de alusión a conductas; es así como algunas clases fueron más comúnmente observadas que otras. Por ejemplo, la mayoría de las observaciones fueron acerca de aves. Esto no es del todo sorprendente. La distribución de las especies no es igual en las diversas regiones geográficas que visitó el Beagle; por ejemplo, mientras las observaciones de aves se distribuyen a lo largo de todo el viaje, las observaciones de moluscos y crustáceos se limitan a la región marítima tropical. Adicionalmente, algunas especies son más difíciles de observar que otras: por ejemplo, la observación de peces requiere de condiciones y equipos especiales, que no existían a principios del siglo XIX o no estaban a disposición de Darwin.
Un análisis sistemático de las observaciones (Figura 1) muestra que el grupo de especies más observado fue el philum de los Cordados (78%). Al interior de éste encontramos que el 46% de las observaciones corresponden a Aves, siendo esta la clase más observada por Darwin, entre las que se encuentran algunas endémicas como el ñandú y varias especies de papagayos; otras carroñeras como el buitre, el cóndor, el caracara y el chimango; algunas aves que habitan los pequeños lagos y charcas como el flamenco, diversas especies de búhos, colibríes, perdices y calandrias, entre muchas otras.
Las especies que conforman la clase de los Mamíferos corresponden al segundo grupo más referenciado por Darwin (22%). Encontramos referencias a algunos carnívoros como la foca, el zorro, el puma y el jaguar americano. Este orden alcanza el 5% de las observaciones animales durante el viaje y fueron realizadas principalmente en las costas suramericanas. Otro orden que fue observado por Darwin es el de los Artiodáctilos con un 8% del total de especies citadas y un 36% de los mamíferos, hacen parte de este orden: la llama, el guanaco, la vicuña, el ciervo y el toro entre otros. En menor proporción se encuentra la observación de otros mamíferos como Primates, Cetáceos (p.ej., delfines), Roedores (p.ej., ratas, ratones, el tucutuco), Perisodáctilos (p.ej., mulas y caballos), Quirópteros (p.ej., murciélagos), etc.
Corresponden también al philum de los Cordados los peces, anfibios y reptiles. La observación de peces alcanza apenas el 2%, al igual que los anfibios (p.ej., ranas y sapos). Los reptiles con el 6% de las especies fueron observados principalmente en el Archipiélago de las Galápagos. Allí fueron observadas más frecuentemente especies endémicas de iguanas y tortugas.
El philum de los Artrópodos conforma el 16% de las especies observadas entre los cuales encontramos moscas, avispas, mariposas, hormigas, arañas y cangrejos. La observación que hace Darwin de este grupo se caracteriza por un alto nivel descriptivo, pareciera que Darwin tenía un especial interés por estas especies, ya que las descripciones realizadas necesitaron de un agudo sentido de observación y de una alta inversión de tiempo. Ejemplo de ello se encuentra en la observación que hace sobre los escarabajos "Al estar tumbado de espalda, salta al echar hacia atrás la cabeza y el pecho, de tal forma que la espina pectoral se tiende y se apoya en el borde de su vaina... Devolviéndose como un resorte" (1845/1983, p. 42), sobre las arañas afirma:
Una bonita araña pequeña, con las patas delanteras muy largas y que parece pertenecer a un género no descrito vive parásito en casi todas esas telas. Se refiere a las telas de las Epeiras. Supongo que es demasiado insignificante para que la gran epeira se fije en ella; por tanto, le permite alimentarse de insectos pequeños que de otra manera no aprovecharían a nadie. Cuando esta arañita se asusta finge la muerte extendiendo las patas delanteras, o se deja caer fuera de la tela (1845/1983, p. 48).
En menor porcentaje hay referencias a otros philum como el grupo de los Vermes (agrupa a los gusanos), el philum de los Celenterados como los corales y el philum de los Moluscos como el pulpo. Finalmente otras especies conforman el 2% como algunos animales microscópicos que producen fosforescencia. Es conveniente aclarar que, aunque el número de descripciones que hace de estos animales es pequeño, sus descripciones son muy interesantes, pues coleccionaba un número reducido de ellos para luego en el barco realizar algunas disecciones.
NIVELES DE OBSERVACIÓN Y ANÁLISIS Y TIPOS DE CONDUCTAS
Se identificaron 6 niveles de observación (ver Figura 2):
1. Mención: Entendida como la forma más simple de observación y empleada por Darwin al referirse a especies apenas avistadas y/o referidas por otros viajeros o habitantes de los lugares visitados. Se incluyen así mismo aquellas conductas nombradas por Darwin al referirse a alguna especie. Este tipo de observación fue el segundo más empleado al alcanzar un 28% del total de las observaciones. Un ejemplo de mención es el siguiente: "… de vez en cuando se oye el grito quejumbroso de un papa-moscas de moño blanco (Myiobius albiceps) que se oculta en la copa de los árboles"(1845/1983, p. 281).
2. Descripción: Este método es empleado al referirse a algún tipo de conducta; una muestra de ello, refiriéndose a la facultad de inflarse del Diodon antennatus, Darwin afirma:
Si se le saca del agua algunos instantes, así que vuelve a echársele al agua absorbe una cantidad grandísima de agua y de aire por la boca y las branquias. Absorbe esta agua y este aire por dos medios diferentes: aspira por fuerza del aire, introduciéndolo en la cavidad de su cuerpo, y le impide por medio de una contracción muscular visible desde el exterior (1845/ 1983, p. 22).
Esta clase de observación fue la más utilizada (51%) por varias razones. Primero, el estudio científico del comportamiento aun no se había desarrollado en aquella época; segundo, el objetivo de Darwin era fundamentalmente servir como naturalista del barco y en esos años las funciones de un naturalista eran principalmente de descripción y recolección de especimenes; tercero, Darwin poseía conocimientos limitados de zoología por lo cual no aventuraba con frecuencia explicaciones o hipótesis sobre la función o mecanismos del comportamiento.
3. Comparación: Las comparaciones alcanzan un 11% de las observaciones; este método, sin ser el más utilizado, es sin embargo muy importante en el estudio del comportamiento ya que permite entender las bases comunes de la conducta en las diferentes especies. Así también, el uso de la comparación tanto de las estructuras anatómicas como de sus funciones, le permite a Darwin dar cuenta de los procesos evolutivos en las especies. El siguiente párrafo ilustra una comparación realizada por Darwin, refiriéndose a varias aves de Maldonado:
Hay allí varias especies de una familia que por su conformación y hábitos se aproxima mucho a nuestro estornino; una de estas especies (Molothrus niger) con frecuencia pueden verse varios de esos pájaros posados en el lomo de un caballo o vaca… esta ave deposita sus huevos en los nidos de otras, como lo hace el cucu. Hay otra especie de Molothrus en la américa del norte (Molothrus pecoris) que tiene esa misma costumbre (1845/1983, p. 66-67).
Es importante señalar que este tipo de observación parece ser el resultado del trabajo posterior al viaje y que las comparaciones fueron incluidas en las ediciones del libro sobre el viaje.
4. Explicación: Las explicaciones comportamentales (5%), hacen parte de formas más desarrolladas de observación, pues debe necesariamente cuestionarse por la función de la conducta; así también, para llegar a explicaciones se requiere de un mayor conocimiento de las especies y los mecanismos que subyacen a la conducta. Sin embargo es sorprendente encontrar explicaciones como las siguientes (refiriéndose al pulpo y su facultad para cambiar de color):
Si se examina más atentamente el color de estos animales se ve que son grises y tienen numerosas manchas diminutas de un color amarillento… éstas llamaradas de color… dícese que son producidas por la dilatación y contracción sucesiva de unas vesículas que contienen fluidos diversamente coloridos (1845/1983, p. 15-16).
5. Hipótesis: Las preguntas e hipótesis sobre las causas o función del comportamiento son el nivel menos empleado por Darwin, apenas alcanzan un 2%. Este porcentaje no es del todo sorprendente debido a que Darwin no era un experto en la observación de la conducta y para aquella época la función de la conducta no se estudiaba sistemáticamente. Refiriéndose a la alimentación del zorro Darwin infiere:
Un pequeño zorro es el único animal, además de los ya citados, que vemos en gran número; supongo que se alimenta de ratones y otros pequeños roedores que viven en cantidad considerable en los lugares desiertos en cuanto en ellos hay la menor vegetación (1845/1983, p. 422).
Darwin sugiere otras hipótesis cuando habla de los fósiles de grandes animales prehistóricos:
El toxodon, uno de los animales más extraños quizá que se hayan descubierto jamás. Por su tamaño, ese animal se parecía al elefante o al megaterio; pero la estructura de sus dientes según afirma Mr. Owen, prueba indudablemente que estaba muy próximo a los roedores, orden que hoy comprende los cuadrúpedos más pequeños; en bastantes puntos se asemejan también a los paquidermos: por ultimo (a juzgar por la posición de sus ojos, orejas y nariz), tenía probablemente costumbres acuáticas, como el dugongo y el manatí, a los cuales también se asemeja (1845/1983, p. 101).
6. Experimentación: Experimentos y protoexperimentos constituyen un 3% del total de las observaciones. La realización de experimentos por parte de Darwin es sorprendente, dadas las condiciones ambientales en que éstas experiencias se realizaron. Aunque los experimentos no alcanzan un nivel de rigurosidad estándar para la ciencia de hoy, Darwin ejercita algunos controles que dan valor a sus intentos experimentales. Considérese el siguiente experimento:
Acordándome de los experimentos de Mr. Audubon sobre el deficiente olfato de los buitres, hice en el jardín la siguiente prueba: envolví un pedazo de carne en papel blanco pasando por delante de ellos…eché el paquete como a un metro de un macho viejo; lo examinó un momento con la mayor atención y apartó la vista sin volver a ocuparse más de él. Se lo aproximé cada vez más, hasta que lo tocó con el pico, en un instante rasgó el papel a picotazos (1845/1983, p. 218).
Darwin también realizó algunos otros experimentos con luciérnagas y planarias. Refiriéndose a la capacidad de producción de luz de las Lampyris occidentales encontró que
Cuando se decapita al insecto, los anillos continúan brillando, pero la luz no es tan intensa como antes; una irritación local, hecha con la punta de la aguja, aumenta siempre la intensidad de la luz. En un caso que pude observar, los anillos conservaron su propiedad luminosa durante cerca de 24 horas después de la muerte del insecto. Estos hechos parecen probar que el animal solo posee la facultad de extinguir o esconder durante breves intervalos la luz que emiten; pero que, en todos los demás instantes, la emisión luminosa es involuntaria (1845/1983, p. 41-42).
Se hallaron alusiones a diferentes tipos de conductas; para su mayor comprensión éstas fueron agrupadas en las siguientes categorías (ver Figura 3):
1. Forrajeo: Dentro de esta categoría se encuentran las conductas relacionadas con la búsqueda, obtención y consumo de alimento. Las conductas de forrajeo alcanzan un 28% del total de los comportamientos identificados por Darwin. Cabe decir que fueron los más descritos; esto puede explicarse por ser comportamientos relativamente fáciles de observar. El 30% de las descripciones y el 31% correspondiente a las menciones son realizados para hacer alusión a esta conducta; Así mismo, el 50% de las hipótesis. En relación con el tipo de especie se halló que esta conducta fue mayormente observada en aves (32%) seguida en mamíferos (27%) e insectos con el 23% y en menor porcentaje en reptiles, gusanos y cefalópodos. Darwin al referirse a comportamientos alimentarios en las hormigas señala:
Vi enteramente negros de hormigas los árboles y las hojas. Aquella tropa, después de haber atravesado el terreno desnudo, dividiose y descendió a lo largo de un vetusto paredón; así consiguió envolver a algunos insectos, que hicieron pasmosos esfuerzos para liberarse de una terrible muerte (1845/1983, p. 46).
2. Defensa: Entendemos como parte de ésta categoría las conductas de escape, huida, agresión defensiva, mimetismo, etcétera. La conducta defensiva es observada predominantemente en aves y reptiles al aportar cada especie un 24% de las conductas relacionadas con mecanismos de defensa. Esta conducta se observó también en mamíferos (19%), peces (15%) y en menor cantidad en insectos y crustáceos. Referente a esta conducta es posible también afirmar que el 13% del total de los comportamientos observados son los referidos a los procesos de defensa y el método observacional predominante en ellos fue la descripción. Un ejemplo de conducta defensiva lo encontramos en la observación que hace Darwin sobre la Aplasia:
Cuando se le molesta emite un licor rojo purpúreo muy brillante, que tiñe el agua en un espacio de unos 30 cm en derredor de él. Además de este medio de defensa, el cuerpo está untado con una especie de secreción ácida, que en contacto con la piel produce una sensación de quemadura parecida a la ocasionada por la physalia o fragata (1845/1983, p. 15).
3. Locomoción: Esta conducta permite entender los patrones de movimiento y desplazamiento de las diferentes especies; el vuelo de las aves, el nado de los peces, el correr de algunos mamíferos, el "curioso" movimiento de los reptiles y anfibios etc. Este tipo de conductas fueron las segundas mas referidas por Darwin (24% del total de conductas observadas). En la descripción del movimiento de las tortugas de los galápagos Darwin afirma:
Cuando las tortugas se dirigen a un punto determinado, caminan día y noche y llegan al limite de su viaje mucho mas pronto de lo que podría creerse...yo he vigilado una tortuga grande y andaba 55 mt en 10 minutos, lo que hace 330 mt por hora o sea, seis y medio kilómetros por día (1845/1983, p. 450).
Los movimientos de las aves excitaban la capacidad de observación de Darwin, el 40% del total de los comportamientos referidos a las diferentes especies de aves hacen alusión a patrones de movimiento; así mismo, en anfibios y reptiles ésta conducta fue la que con mayor frecuencia se presentó.
4. Comunicación: Hacen parte de esta categoría los diferentes sonidos, gestos y estímulos químicos emitidos por las distintas especies, como por ejemplo el canto de las aves. Refiriéndose a la calandria Darwin afirma:
Esta ave deja oír un canto superior al de las demás aves del país, y también es casi la única de América del Sur a quien he visto encaramarse para cantar. Puede compararse este canto al de la Silvia o curruca, solo que es más potente; algunas notas duras y muy altas se mezclan con un gorjeo muy agradable (1845/1983, p. 69).
Las conductas relacionadas con la comunicación se hallan primordialmente en aves y el tipo de observación empleado es principalmente la descripción de su canto. Este conforma el 70% de las conductas relacionadas con la comunicación; el 30% restante se encuentra distribuido entre los reptiles con el 12% y los mamíferos, insectos y peces con el 6% cada uno.
5. Reproducción: Por conductas de tipo reproductivo encontramos el registro de épocas de apareamiento, anidación y respuestas maternas. Excepto algunas pocas menciones en insectos, reptiles y peces, el registro de conductas relacionadas con la reproducción se centra en las aves, aportando el 77% del total de las conductas de este tipo. Una situación que fue normalmente referida por Darwin fue la topografía de la conducta de anidación y su comparación entre distintas especies; como lo hace entre el Cucu y el Ñandú o avestruz suramericano, al explicar la conducta de colocar sus huevos en los nidos de otras especies "aprovechando" el calor y alimento suministrado por las otras aves (1845/1983, p. 67-68).
El 11% de las conductas relacionadas a lo largo del viaje hacen referencia a respuestas de carácter reproductivo. Conductas de tipo copulatorio no se encuentran registradas por Darwin, hecho que no es difícil de entender, debido que para observar esta conducta es necesario emplear una gran cantidad de tiempo, además de estar presente en las épocas de apareamiento que sólo ocurren durante ciertos periodos del año.
6. Conducta Social: La vida en grupos y las respuestas relacionadas en esta interacción, solo conforman el 8% de los comportamientos observados por Darwin. El tipo de observación que realiza de estas conductas es predominantemente la mención ya que no ahonda en explicaciones ni descripciones de respuestas sociales. Sin embargo, se encuentran observaciones muy interesantes de este tipo de comportamientos en varias especies de insectos y arácnidos. Refiriéndose a alguna especie de Epeira Darwin afirma:
Es un hecho singular que arañas normalmente solitarias vivan en sociedad…Hallé muchas arañas gruesas, negras, con manchas rojas en el dorso; éstas arañas viven en bandadas. Las telas están puestas verticalmente…están separadas unas de otras por el espacio de unos 60 cm, pero unidas todas a ciertas líneas comunes en extremo largas y que se extienden a todas las partes de la comunidad (1845/1983, p. 49).
7. Otras conductas: Finalmente hay algunas conductas especificas de algún tipo de especie que son apenas nombradas superficialmente por Darwin. Dentro de estas respuestas esta la olfación, la construcción de telarañas y las repuestas relacionadas con los ritmos biológicos.
CARACTERÍSTICAS DE LAS OBSERVACIONES
Las observaciones de Darwin se caracterizan por el uso de un lenguaje coloquial, poco técnico y a veces emotivo. Por ejemplo, hablando de las islas Chono y Chiloé, Darwin afirma:
Doblando una punta de la isla, desembarcaron dos oficiales para medir ángulos con el teodolito. Sentado sobre una roca había un zorro (Canis fulvipe) de un tipo que se dice que es propio en esta isla, hasta en la cual es muy raro. Era joven y estaba tan absorto en la contemplación de los dos oficiales, que pude caminar lento hasta él y darle en la cabeza con el martillo de geólogo. Este zorro, más curioso o mas amigo de las ciencias, pero menos sagaz que la mayoría de sus hermanos, se encuentra hoy en el museo de la sociedad zoológica (1845/1983, p. 332).
Otro ejemplo, al describir las iguanas de las Galápagos, que llama lagartos, afirma: "es un animal horrible, de color negro, sucio; parece estúpido y sus movimientos son muy lentos..."(Darwin, 1845/1983, p. 452). Apela a las denominaciones populares y técnicas para identificar a los animales. Unas veces usa el género, otras la especie y en otras ocasiones ambos. En ocasiones, cuando describe el comportamiento de animales se basa en tradiciones populares, advirtiendo que él no ha sido testigo directo de los hechos. Refiriéndose al pájaro "tapaculo" (Ptoroptochos albículis) afirma, por ejemplo: "Los campesinos nos dicen que cambia de canto 5 veces al año, según las estaciones, creo que será" (1845/1983, p. 321); con respecto al puma: "se asegura que cuando un puma ha sido descubierto y perseguido por esa vigilancia de su presa, pierde por completo y para siempre tal costumbre"(1845/1983, p. 319). Finalmente, son frecuentes las referencias a varios científicos de la época, con el fin de confirmar, refutar, o explicar las características del animal, por ejemplo, hay múltiples referencias a Cuvier, Lineo, Azara, Sloane, Reid, Owen, Liesk y otros.
DISCUSIÓN
Afirmar que la observación del comportamiento de diversas especies en el viaje del Beagle le permitió posteriormente a Darwin la elaboración de la teoría de la evolución por selección natural, sería riesgoso. Darwin observó y describió la conducta sin referirse a ninguna teoría general, intencionalmente o no; aunque sí fueron varias las áreas de la ciencia natural que cuestionaron sus ideas iniciales sobre los centros de creación, así mismo, hay una referencia a Lamarck al observar un ejemplo que podría ser explicado por la herencia de caracteres adquiridos, según afirma Darwin (1845/1983, p. 64-65). Sin embargo, las observaciones conductuales no incluyen referencias de tipo evolucionista, a lo largo del manuscrito. El marco conceptual de Darwin es parcial según se puede inferir de su diario, y lo aplica sólo en algunos aspectos de lo que observó y cuando se lo plantea para sí, por ejemplo, la fijeza de las especies o los puntos de creación. Claramente Darwin no era evolucionista en ese momento. Sin embargo, el viaje al Nuevo Mundo y las observaciones que hizo en éste sobre la flora, la fauna, las características geológicas y la distribución de los organismos en las distintas regiones geográficas del continente, constituyeron posteriormente la materia y la razón de la teoría darwiniana de la evolución (Browne, 2007).
Las ediciones modernas del diario no permiten comprender con certeza, qué contenidos hacen parte de las observaciones y registros a bordo del barco y cuales pudieron ser aumentados, corregidos o editados en las publicaciones de 1840 y 1845. Algunas descripciones son amplias y muy detalladas; otras, al contrario, aluden a características bastante generales. Sin embargo, las observaciones contenidas en estas ediciones del diario hacen de éste un escrito serio, objetivo y científico, tomado en su conjunto; sin embargo, no representa ninguna prueba o aseveración a favor de alguna doctrina o teoría en particular, ni representa el pensamiento científico de Darwin. Sin embargo, sí constituye la base material de la teoría darwiniana de la evolución.
Así mismo, en los datos hallados en la presente investigación se muestra que Darwin al comienzo del viaje no tenía un interés particular por la observación de la conducta en las distintas especies animales, sino que a medida que transcurría el tiempo y que los lugares y especies con las que Darwin realizaba contacto, estimulaban su curiosidad, fue constituyéndose la conducta en tema de sus descripciones. La conducta de los organismos complementó las descripciones Zoológicas y Biogeográficas, lo que acrecentó en Darwin la capacidad de observación haciendo que se cuestionara por la función de algunas estructuras anatómicas y en último término por la función de la conducta observada.
Es importante señalar que las observaciones conductuales de Darwin en el Beagle no están acompañadas de teorías explicatorias del comportamiento. En esto hay una diferencia fundamental con las observaciones geológicas, que fueron fundamentadas en teorías existentes del origen y cambios geológicos, que Darwin manejaba adecuadamente.
Hace uso de diferentes formas de observación (mención, descripción, comparación, explicación, hipótesis y experimentación) para referirse a algunas conductas lo cual va a constituir un antecedente para la psicología y en especial para la Psicología Comparada. Es de resaltar, que realiza comparaciones entre especies en términos de anatomía y comportamiento. Dichas comparaciones son realizadas entre especies de lugares geográficos distintos, lo que podría ser un antecedente que va a constituir la base de la comprensión del origen de las especies.
La gran cantidad de datos recogidos por Darwin, al contrario de ser prueba concluyente de la existencia de diferentes centros de creación, generan en él algunos interrogantes que originaran su trabajo posterior en Inglaterra. Es en este sentido que los hallazgos en zoología, biogeografía y conducta se constituirán en la base para la constitución de sus postulados evolutivos.
Este trabajo constituye sin duda un primer paso en la búsqueda de la importancia que tuvo para Darwin la observación de la conducta. Sin embargo, futuras investigaciones permitirían continuar resolviendo nuestra pregunta inicial, pues no sabemos en qué medida la interacción existente entre las observaciones conductuales, zoológicas y biogeográficas determinaron la formación de la teoría evolutiva de Darwin; así mismo, las descripciones de los lugares son muy detalladas. Podría estudiarse también cómo determinan las distintas condiciones ambientales la aparición o ejecución de algunos patrones de comportamiento.
Los datos demuestran cómo el interés por el comportamiento no fue un hecho aislado ni obedeció a observaciones desinteresadas porque son 97 especies animales diferentes a las que Darwin realiza alguna forma de observación conductual, y de las cuales identifica 157 alusiones a patrones de comportamiento. Además se observa que las formas más simples de observación (mención, descripción) y las que necesariamente se realizaban en el contexto específico (experimentación) fueron efectuadas durante el viaje; al contrario, las comparaciones, explicaciones e hipótesis conductuales hacen parte de trabajos posteriores al viaje, lo que demuestra que el interés por la conducta trascendió las observaciones durante el viaje.
La observación de la conducta realizada por Darwin ha sido un tema casi olvidado o no tenido en cuenta al realizar revisiones históricas y científicas sobre sus escritos. En los últimos años se han retomado los principios darwinistas al interior de las diferentes áreas de la psicología como en psicología del desarrollo (Surbey, 1998), psicología evolutiva (Masterton, 1998) y comportamiento animal (Houck & Drickamer, 1996). De la misma manera han surgido nuevas aproximaciones y revisiones a la teoría evolutiva y su influencia para la psicología (Quiroga, 1995). Parece ser que el interés principal por los escritos de Darwin se ha centrado en la contribución de sus ideas y postulados generales como sustento a antiguos y nuevos debates, como por ejemplo: la existencia de la mente, al aceptar Darwin la existencia material de órganos mentales (ver García, 1996)
En síntesis, el estudio y revisión detallada de los escritos de Charles Darwin pueden contribuir a distinguir cómo la conducta está determinada por mecanismos evolutivos en la medida que es necesario que los organismos ejecuten algunos patrones de conducta que les permite sobrevivir y reproducirse. Un primer paso es comenzar por realizar una aproximación histórico-conceptual de los escritos de Darwin desde la psicología.
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1Trabajo realizado con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad Nacional de Colombia.
2Correspondencia: Aristóbulo Pérez, Departamento de Psicología, Universidad Nacional de Colombia, Ciudad Universitaria, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: aperezgo41@hotmail.com, Germán Gutiérrez, Correo electrónico: gagutierrezd@unal.edu.co, Alejandro Segura, Correo electrónico: asegurab@unal.edu.co.
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